La politización sionista de los conversos y sus riesgos

Por David Ramírez

Source/Fuente: Hamodia.com, Yonatan Sindel/Flash90

Source/Fuente: Hamodia.com, Yonatan Sindel/Flash90

Como habíamos mencionado en otros artículos[1], el renacimiento del retorno de los conversos, descendientes de judíos ibéricos convertidos al catolicismo voluntaria o involuntariamente, ha pasado por varias etapas en las últimas décadas. Sin tener ningún elemento regulador de por medio, los resultados han sido igual que un perfecto sistema de libre mercado, donde la anarquía de la oferta y de la demanda dirige los resultados. En la más reciente etapa, elementos nacionalistas del estado de Israel se han involucrado en el tema.

Históricamente el retorno de los conversos desde el s. XIV hasta la primera mitad del s. XX había sido administrado por las comunidades sefaradíes de la Diáspora judía. Generalmente hablando, se hacía de una forma muy discreta y sin drama alguno. Las comunidades sefaradíes de Europa occidental, particularmente, destinaron generosos recursos para alentar su vuelta al judaísmo durante los ss. XVII y XVIII.

En la segunda mitad del ss. XX, los conversos enfrentaron otra realidad muy distinta. Los cambios tectónicos sufridos por las comunidades e instituciones sefaradíes las hicieron desmantelarse o disminuir sus números, para adaptarse a nuevas realidades en la Tierra de Israel y la Diáspora, con nuevos líderes laicos y religiosos divorciados de la cultura e historia que les precedió. Las nuevas realidades forzaron por proxy al mundo judío a adaptarse a los deseos y prerrogativas del liderazgo asquenazí, quienes no están preparados con la información y actitud necesaria para el resurgimiento de los conversos buscando sus raíces etno-histórico-culturales.

Con la falta de canales apropiados y fraternales, es decir la oferta, los conversos tuvieron que enfrentarse con la penosa opción del giyyur, proceso el cual les deniega de tajo un reconocimiento real de sus raíces. Siendo que el judaísmo no es una religión proselitista, aunado a la actitud misántropa dominante de los asquenazíes ortodoxos que influye al mundo religioso de hoy, el camino que los conversos han tenido que recurrir ha sido tortuoso, conflictivo, solitario, desolador, decepcionante y confuso.

Unos también han tenido que enfrentar muchos casos de fraude, donde no sólo han sido timados monetariamente pero también se han enterado que sus “conversiones” no tienen valor alguno ante las cortes rabínicas, sea en el estado de Israel o la Diáspora.

El tema también ha dado pie a que salgan oportunistas cristianos del movimiento misionero “Jews for Jesus”, apoyado económicamente por las congregaciones Bautistas estadounidenses, quienes han tomado ventaja del tema para hacer su propia clase de proselitismo entre los iberos e iberoamericanos—y con ello enriquecerse ellos mismos en el nombre de Jesús (sic.)

Incluso el mundo académico judío ha hecho del tema una oportunidad para estudiar éste “fenómeno” como si los conversos fueran ratas de laboratorio, incrementando el nivel de incomprensión, y trayendo consigo más escepticismo entre los judíos, vergüenza y deshonor hacia los conversos.

En medio de ésta caja de pandora, ha entrado un preocupante interés político “sionista”, motivado por cuestiones demográficas y de diplomacia que puedan beneficiar al estado de Israel—no necesariamente a los conversos. La organización más exitosa en este ramo pro-nacionalista ha sido Shavei Israel, dirigida por quien fuera un director adjunto de comunicaciones para el gobierno de Benjamín Netanyahu. Bajo la pretensión de ayudar a “judíos perdidos”, Shavei ha creado toda una organización, respaldada con una corte rabínica reconocida por el estado de Israel, con el motivo de hacer un proselitismo pasivo para cualquier grupo o persona que se diga tener raíces judías, sin importar que tan real o lejana sea tal declaración. Por “proselitismo pasivo” queremos decir que, de acuerdo a las declaraciones de Michael Freund—director de Shavei, son los interesados que acuden a ellos para ayuda, no significa que ellos van en busca de prosélitos. Sin embargo, tendremos que indicar que Michael Freund es muy activo en publicar artículos sobre su organización en la mayoría de los medios de comunicación derechistas judíos, tanto en Israel como en la Diáspora.

El que no muestra, no vende.

Representantes con intereses migratorios israelíes ya comenzaron a interesarse en el tema. Esto lo mencionamos primero en el artículo “Kaifeng and the Diversification of Freund’s Cottage Industry”, donde el dirigente de la Agencia judía para Israel, Natan Sharansky, mostró interés de acuerdo a lo reportado por el New York Times.

En un artículo reciente publicado por el Jerusalem Post, “Undoing the Inquisition” (esp. Deshaciendo la Inquisición)[2], tenemos a Ashley Perry también dándonos consejos sobre esta oportunidad.

El Sr. Perry, “fue consejero al Ministro de Relaciones Exteriores de Israel de Abril 2009 a Enero del 2015. También ha trabajado con otros ministerios del gobierno, miembros del Knesset y muchas otras organizaciones judías, “sionistas” y de Hasbará. Perry en la actualidad es candidato al Knesset con el (partido) Yisrael Beytenu[3], un partido político israelí de corte secularista y de derecha nacionalista, que se describe a sí mismo como “un movimiento nacional con la visión que sigue el camino valiente de Zev Jabotinsky”[4], y que fuera fundado por el político de extrema derecha de origen ruso, Avigdor Lieberman. Lieberman a su vez perteneció a otro partido israelí, Kach, declarado ilegal de operar en Israel desde 1994 por sus posturas abiertamente racistas. Kach, fundado por el rabino Meir Kahane—quien fuera una de los exponentes del sionismo religioso de extrema derecha de más influencia, y cuyas ideas impulsan a una influyente minoría de extremistas religiosos conectados con el movimiento del Gran Israel, y sus consecuentes controversias respecto a los asentamientos de colonos judíos en el territorio palestino—, se encuentra en la lista de organizaciones terroristas en los EEUU, Canadá y la Unión Europea.

Teniendo tan portentoso pedigrí, ha de ser de interés cómo Perry quiere vender el tema de los conversos al público judío.

Como es de rigor, Perry nos da una breve introducción sobre la saga histórica de los conversos. Luego nos da un énfasis sobre la demografía de los sefaradíes y conversos. Siguiente, nos menciona que hay un creciente interés de sus descendientes de regresar al judaísmo, y cómo existen un buen número de foros y organizaciones dedicados a extender un brazo de ayuda. Ésta introducción desemboca en la razón principal del artículo, que es alentar al gobierno israelí en adoptar una similar postura a la de España y Portugal de aceptar de vuelta a los descendientes de los judíos sefaradíes, que también incluye provisiones para sus descendientes que se convirtieron al catolicismo en contra de su voluntad. Si el gobierno israelí aceptara tal propuesta, nos dice Perry, “podría cambiar la faz de Israel y el mundo judío para siempre”. (Mi traducción).

Lo que más me llamó la atención en su artículo fue la tergiversación de las realidades demográficas de los sefaradíes, haciendo representaciones infladas sin citar ninguna fuente seria que las apoye. El subtexto de este mensaje apela a un tema constante del nacionalismo israelí desde su incepción, y es el de mantener una mayoría demográfica judía ante la siempre constante preocupación de la creciente tasa de natalidad de los árabes-palestinos, tanto dentro del estado de Israel como en los territorios palestinos. Y básicamente nos quiere decir a todos, “¡miren, aquí hay una mina de oro de donde sacar más ciudadanos israelíes!”.

Pero como dice el dicho, “no todo lo que brilla es oro”.

A pesar de las exageradas declaraciones demográficas que Perry hace, la realidad estadística es que potencialmente mucha gente europea, en el mundo árabe o en la América española y portuguesa tenga por lo menos un descendiente judío en su árbol genealógico. Esto es debido al hecho que en donde haya habido comunidades judías, siempre hubo y hay ocasiones de judíos que se separaron y separan de la comunidad para asimilarse con los no-judíos, o se hayan convertido en contra de o por su voluntad a la religión dominante de su región. De ahí a que alguien de sus descendientes tenga una fuerte o remota identidad judía es otra historia completamente distinta.

Lo que hace el caso de los conversos particularmente atractivo para los intereses demográficos de nacionalistas israelíes como Perry, y es como él intenta venderlo, es que éstos pertenecen a un grupo que son bastante numerosos, y en la historia fueron relativamente homogéneos.

Sin embargo, las realidades de hoy son muy distintas. La mayoría de los que reclaman una identidad conversa lo han hecho por varios medios que no necesariamente tenga que ver con pertenecer a un grupo homogéneo de conversos, o tener memoria directa de serlo en su herencia familiar. Muchos de ellos, motivados por un sentimiento genuinamente religioso, son atraídos al judaísmo por lo que los judíos han representado históricamente y en el imaginario occidental cristiano pro-mesiánico.

La apertura de las libertades religiosas en el mundo luso-hispano parlante ha traído consigo un crecimiento exponencial de sectas protestantes, particularmente en Latinoamérica, cosa que no tiene a la Iglesia católica muy contenta. Dentro de los movimientos evangélicos ha habido un brote de grupos con inclinaciones filo o pseudo-judías. Aunado con el reciente historial del resurgimiento de los conversos, esto ha venido creando toda clase de leyendas y mitos malamente informados y propagados por Internet, y por consecuencia el número de las personas reclamando esta identidad ha ido creciendo progresivamente.

No es un número significativo en el presente, como una vez lo fueron los inmigrantes rusos y etíopes, pero es un número que in potentia puede llegar a ser significativo y fuente constante de ‘olím (migrantes judíos a Israel) que sirva a los intereses demográficos israelíes, o por lo menos fuente de apoyo político en los países luso-hispano parlantes.

A diferencia con lo sucedido con los rusos y etíopes, esta nueva estrategia no ha dejado rezagado el tema del estatus religioso de los potenciales ‘olím luso-hispanos. Para esto hay que entender la diferencia abismal que existe entre la ley israelí llamada ‘Ley de retorno’ y lo que el establecimiento religioso rabínico considera para que una persona tenga el estatus de ‘judío’ en su carnet de identidad israelí.

La ‘Ley de retorno’ israelí ampara “todas las personas judías o descendientes de judíos hasta la tercera generación (hijos, nietos, sus cónyuges e hijos menores de edad de los cónyuges) tienen derecho a inmigrar a Israel y recibir la ciudadanía israelí con sus beneficios, derechos y obligaciones”.[5]

Para el segmento del establecimiento rabínico (dominado por judíos ortodoxos asquenazíes de corte derechista), que forma parte de la nómina del estado israelí, lo único que cuenta para tener la identidad de judío es que la persona haya nacido de madre judía, y tenga la manera de comprobarlo acorde a su estricto criterio, o que haya sido convertido bajo sus indeterminados y caprichosos criterios.

La ‘Ley de retorno’ no discrimina si el interesado tenga linaje judío de parte de padre o madre, mientras que las reglas del establecimiento rabínico en Israel, y la milenaria jurisprudencia judía en la historia, lo delimita sólo a la madre o al prosélito. Lo que esto significa en términos reales es que mientras la ‘Ley de retorno’ permita obtener la ciudadanía israelí bajos sus criterios, el establecimiento rabínico no necesariamente otorgue la identificación oficial como judío. Y esto tiene amplias repercusiones en la sociedad judía Israelí.

Tener una identidad reconocida como ‘judía’ por el establecimiento rabínico del estado permite al ciudadano acceso a recursos y oportunidades que no gozan otros ciudadanos israelíes. Debido a que el establecimiento rabínico israelí regula los casamientos, divorcios y procesos funerarios para judíos, los ‘olím que son aceptados como israelíes—pero no como judíos—tienen dificultades emocionalmente dolorosas al relacionarse amorosamente con los israelíes que son reconocidos como judíos, y también al momento de tomar la decisión de dónde enterrarlos, especialmente si murieron en combate como soldados de las fuerzas armadas israelíes. Las dificultades de discriminación aumentan exponencialmente cuando se trata de convivir en una comunidad religiosa.

Esto ha creado situaciones difíciles e incomodas para los ‘olím rusos e etíopes que no fueron reconocidos como judíos, problemas que persisten hasta la fecha.

La innovadora estrategia primero desarrollada por Freund, y ahora promovida por Perry, quiere cerrar esa brecha entre el pragmatismo de la ‘Ley de retorno’ y las exigencias del establecimiento rabínico. La carrera cuesta arriba para éstos proselitistas pasivos en pro de Sión, como Freund y Perry, es no sólo seguir ampliando los criterios de la ‘Ley de retorno’—cuestión no muy difícil de lograr en el Knesset—, sino también hallar la fórmula retórica adecuada para convencer a un establecimiento rabínico israelí que se ha vuelto más xenofóbico y anti-proselitista conforme pasan los años. Y es ahí donde está el meollo del asunto.

La relación entre el estado y el establecimiento rabínico es muy compleja y conflictiva. Esa relación fue implantada desde los albores de Israel como estado por “sionistas” religiosos a cambio de favores y apoyos políticos (vea el artículo “Why Rav Goren Matters: The Legacy of the Langers[6]). En reciente memoria, el Ministerio de Asuntos Exteriores—encargado de procesar quién entra y no entra al país, y que a veces es controlado por personas que son parte del establecimiento rabínico—, ha rechazado admisión a extranjeros que llegan al estado de Israel con motivos de convertirse al judaísmo. Incluso ha habido casos de familiares de conversos viviendo como judíos en el estado de Israel que han sido rechazados, con motivos de visita temporal,  por las autoridades de inmigración israelí.[7]

Son tres presas de contención que los prosélitos interesados a ser ciudadanos israelíes, con identidad judía autorizada, tienen que sobrepasar:

  1. La Agencia judía por Israel, que es la que coordina la solicitud de aliyáh (inmigración judía a Israel).
  2. El Ministerio de Asuntos Exteriores, que es el que otorga el visado o ciudadanía israelí.
  3. La Autoridad de Conversiones, que es manejada por unos cuantos rabinos burócratas pagados por el estado—generalmente “sionistas” religiosos—, quien es el que aprueba la identidad judía del solicitante ante los ojos del estado. Aunque el candidato haya pasado un proceso de conversión por una corte rabínica local ortodoxa, si esa corte no es sancionada por la Autoridad de Conversiones, tal persona no es reconocida como judía ante el estado israelí. Peor aún, si ese inmigrante se queda ilegalmente en Israel, su solicitud de ciudadanía es automáticamente cancelada.

Las relaciones entre estos tres establecimientos del estado es compleja, y particularmente contenciosa con la última.

De llegar a tener éxito en vencer éstos obstáculos ideológicos y burocráticos, entonces sí se abrirían las compuertas a una posibilidad demográficamente atractiva para los fines del “sionismo” político. Pero es una posibilidad que finalmente pueda significar la perdición de los “sionistas” seculares.

Las corrientes nacionalistas de extrema derecha en Israel tienen dos vertientes, una secular y la otra religiosa. Las dos comparten los mismos idealismos territoriales del “Gran Israel”, pero sus visiones sobre como gobernar al estado de Israel no pueden ser más distintas. La corriente secular está compuesta por judíos no-religiosos, muchos de ellos ateos,  y adoptan muchos de los principios sociopolíticos en las democracias modernas; los religiosos desearían que el estado de Israel fuera regido por los dictámenes rabínicos, lo que muchos llamarían una ‘teocracia’ similar a como funciona la República de Irán y los reinos de Arabia Saudita.

La mayoría de los “sionistas” religiosos tienen tendencias oscurantistas, mesianistas y no saben mucho del mundo fuera de su mundo, y no les importa—porque vienen de una cultura que nunca trascendió la edad media. Si llegaran al poder, sería el fin de Israel como estado libre, plural y democrático.

De los dos, los religiosos tienen convicciones mucho más vehementes y decididas. Si hemos de apostar quién saldría adelante empujando sus agendas políticas con más ahínco, los religiosos salen ganando. Siempre.

La encubierta campaña proselitista que Perry propone no sólo lograría aumentar los números de ciudadanos israelíes con carnet de identidad judía, sino que también fortalecería los números y la representación política de los judíos religiosos de extrema derecha en Israel. Debido a que los prosélitos tienen que pasar por un proceso estricto de adoctrinamiento (o si usted prefiere, “lavado de cerebro”), efectuado bajo la supervisión de rabinos ortodoxos, eso no son buenas noticias para los “sionistas” seculares, especialmente en el ambiente actual donde hemos visto la radicalización de ciertos sectores del judaísmo ortodoxo.

Muchos de los candidatos meta que gravitan a esta oportunidad fraguada en la imaginación de “sionistas” religiosos como Freund poseen la combinación ideal de convicción religiosa, esperanza milenaria, y advenimiento mesiánico que serían la envidia del falso mesías Sabbatai Zevi. Después del todo, los movimientos neo-milenarios evangélicos que pululan por doquier son todo sobre la venida inminente del mesías, cosa que compagina perfectamente con el sentimiento mesiánico de los “sionistas” religiosos para “forzar” el regreso triunfal del redentor de Israel.

Para las personas con sentimientos neo-mesiánicos milenarios, sería de gran ganancia simbólica a pesar de la burocracia y los costos económicos que tienen que sobrepasar.

Para los auténticos conversos, tienen mucho que perder a pesar de la marginal ganancia de ser reconocido como judío, prosélito, pero al fin judío.

Primero, el hecho que el proceso que se les aplica de conversión los relegaría a un estatus de ciudadanos de segunda clase. Acorde a la jurisprudencia judía, a los prosélitos no se les permite tener puestos de liderazgo en una comunidad o gobierno judío, y a sus mujeres no se les permite casarse con miembros de la casta sacerdotal de los Kohaním.

Peor aún, en el ambiente xenofóbico y anti-nomista de la ortodoxia actual es muy común que se les aliente a casarse con otros prosélitos, sea hombre o mujer; o sea, a pesar de que no hay prohibición alguna en la jurisprudencia judía de que un judío de nacimiento se case con un prosélito (con excepción de las casta de los Kohaním), desgraciadamente muchos judíos ortodoxos prefieren no hacerlo. Añadiendo la inseguridad que en la actualidad le ha dado al establecimiento rabínico de Israel de anular conversiones según sus caprichos, cosa que tampoco existe en la Ley judía.

Irónicamente esto crearía una situación exactamente igual a la que los conversos tuvieron que vivir durante la época de la Inquisición, donde a pesar de pasar las penosas conversiones forzadas, por siglos sus descendientes tuvieron que sufrir el cuestionamiento de su estatus como cristianos.

Añadiendo a que no hay reconocimiento oficial alguno a sus raíces étnicas, segundo, tampoco existe manera de que recuperen sus raíces etno-culturales en el estado actual de destrucción que se encuentra la tradición sefaradí. Lo único que existe en la actualidad israelí es un híbrido entre una expresión vulgar y barata de la cultura sefaradí oriental combinada con la ideología religiosa y reaccionaria de los asquenazíes.

Todo las realidades ya descritas revela el aparente entusiasmo de “recuperar” a los conversos como otra vulgar farsa de los “sionistas” militantes, una artimaña publicitaria que engaña a un público judío que no posee el conocimiento e información necesarios para discernir el tema de manera crítica.

Desgraciadamente, el mal y caprichoso manejo del tema de los conversos de hoy día no sólo ha cobrado víctimas de manera económica y socio-cultural, sino que ya comenzamos a ver fatalidades también. En Octube del 2014 aprendimos del asesinato de Karen Yemima gracias a la oleada de actos de terrorismo que siguieron a la intervención militar israelí en la franja de Gaza. Y lo tristemente desafortunado es que las penas que estas personas tienen que pasar en vida, siguen aún en su muerte.

Yemima fue uno de esos casos típicos de muchos soñadores que hicieron grandes sacrificios para irse a vivir Israel para ser reconocidos como judíos en Israel; su travesía fue ardua, una profesional ecuatoriana egresada de la universidad reducida a limpiar casas para sobrevivir en Israel. A parte de ser asesinada por un acto terrorista, inflamado por las acciones militares del estado que ella tanto amaba, tras su muerte tuvimos que presenciar  la vergonzosas publicaciones que por un lado la llaman “giyores” (prosélita) descendiente de  marranos[8], pero que también evidencian un rechazo casi unánime de miembros del gobierno israelí de atender su muy público y anunciado funeral[9], y para restregar más sal en la heridas fatales de la ya difunta Yemima, la sacrosanta Autoridad de Conversiones declaró que no era judía[10], a pesar de haber completado todo el proceso de conversión por una corte judía ultra-ortodoxa que no era de su aprobación:

“Mosquera había sido puesta por un proceso de conversión recientemente en Bnei Brak, discutiblemente la ciudad más religiosa en Israel, bajo Nissim Karelitz, uno de los más celebrados rabinos jaredís de su generación. Pero porque no era la Autoridad de Conversiones centralizada del estado, el funcionariado israelí la considera como no-judía.”

¡Ciertamente una espléndida muestra de “amor judío” por parte del estado!

Quizás estoy exagerando cuando digo que este nuevo desarrollo quizás signifique el fin de los “sionistas” seculares por las razones que ya indiqué, pero cosas más extrañas han sucedido.

En siglo pasados el retorno de los conversos al judaísmo—que por cierto tengo que mencionar no requerían ningún proceso de conversión como se le conoce hoy—eran observados por las autoridades rabínicas para prevenir disensiones ideológicas y religiosas que pudieran disturbar la paz de la comunidad o poner a la comunidad en un predicamento ideológico con la mayoría cristiana del país donde residían. Debido a que muchos conversos habían sido educados, e incluso habían sido profesores, de las mejores universidades católicas de Europa, los líderes rabínicos, como Hakhám Saúl Levi Morteira, escribieron tratados muy eruditos para la constante instrucción judaica de los retornados y disipar dudas teológicas entre el judaísmo y el cristianismo.

Hoy no existe ese tipo de seguimiento que era de por vida, mucho menos rabinos de la estatura y alcance intelectual de un Morteira que pueda contener situaciones impredecibles. Con el sentimiento pro-mesiánico de hoy, sumado con la radicalización del “sionismo” ortodoxo, y la actitud del establecimiento de dejarlos a su suerte una vez que hayan sido integrados como judíos prosélitos, un numeroso contingente de este tipo—que ya trae su particular bagaje ideológico— traería consigo una serie de problemas para el estado de Israel y el pueblo judío en general.

Los riesgos inmediatos para los conversos, reales o imaginados, a parte de faltarles el respeto y ser denigrados, es ser utilizados como propaganda sin obtener una recompensa real por ello. Los activistas “sionistas” a cargo de avivar las flamas de este nueva etapa del “sionismo” político les importa poco la integridad y dignidad de sus personas. Los riesgos de largo plazo es vivir una condición similar a sus ancestros cristianos nuevos, donde nunca fueron aceptados por la sociedad que los adoptó renuentemente, incluso perder su estatus como judío.

Es una verdadera pena que no se haya dado un interés real de parte de las instituciones sefaradíes en apoyar a estos individuos. En ves de ser aprovechados por esos buitres políticos con fines estrechos y egoístas, los conversos, e incluso los que se imaginan como tales, serían una oportuna ocasión para fortalecer la tradición y representación sefaradí en el mundo judío de hoy, que mucha falta hace. Pero en el estado actual de deterioro y confusión en que nos encontramos, eso es una vereda difícil de retomar. La gran mayoría sefaradíes de hoy están más ocupados en tratar de ser asquenazíes y fieles patriotas “sionistas”, que en recuperar y reconstruir nuestras tradiciones y respeto ante la sociedad judía.

Si la experiencia de Yemima nos demuestra algo, es que toda esta falacia huele a muerte.

______________________________

[1] Vea mi “Ba‘alé Teshubá” y “Conversos and Maskilim”.

[2] Perry, Ashley. “Undoing the Inquisition”. Jpost.com. Enero 15 2015. Web. Enero 31 2015.

[3] “Ashley Perry” Blogs.timesofisrael.com. Web. January 28 2015. Mi traducción y corcheas.

[4]  Bringing the Zionist Dream to Life. Sitio web del dicho partido político. Citado en “Yisrael Beiteinu”. Wikipedia.com. Web. Enero 28 2015.

[5] “Ley de retorno”. Wikipedia.org. Septiembre 9 2014. Web. Febrero 11 2015. También vea “Ley de retorno” de la página oficial de la Agencia judía por Israel.

[6] Fischer, Elli. “Why Rav Goren Matters: The Legacy of the Langers”. Mida.org.il. Junio 6 2015. Web. Febrero 15 2015.

[7] Algazy, Joseph. “Faith is not enough”. Haaretz.com. Marzo 1 2002. Web. Febrero 22 2015.

[8] Hamodia Staff. “Second Fatality in Terror Attack Was Giyores Descended from Marranos”. Hamodia.com. Octubre 28 2014. Web. Febrero 22 2015.

[9] Eichner, Itamar. “Ministers dodge funeral for Ecuadoran victim of Jerusalem terror attack”. Ynetnews.com. Octuber 28 2014. Web. Febrero 22 2015.

[10] Jeffay, Nathan. “Terror Victim Sought To Become Jewish”. Thejewishweek.com. Octubre 29 2014. Web. Febrero 22 2015.

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2 responses to “La politización sionista de los conversos y sus riesgos

  1. TODOS LOS CONVERSOS FORZADOS CON FUERZA A CATOLISMO ,,SON VERDADEROS JUDIOS ,,,,,A TODOS LOS QUIEREMOS EN ISRAEL ,,,,,,

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