La mitad de SHAS

Por Uri Avnery

10/01/15

Photo Credits: Roitov.com, "Aryeh Deri and Ovadia Yosef." He.wikipedia, "Uri Avnery"

Photo Credits: Roitov.com, “Aryeh Deri and Ovadia Yosef.” He.wikipedia, “Uri Avnery”

EL partido de SHAS se ha divido en dos. Las encuestas de opinión están alrededor del umbral del 3.12%, el cual es necesario para entrar al Knesset, después que el mínimo había sido incrementado por el ultimo Kenesset.

Mucha gente en Israel estarían contentos si ambas partes no llegaran a triunfar, y el Shas desapareciera de una vez por todas del ambiente político.

Yo no.

SHAS ES el partido de los judíos israelíes ortodoxos del medio oriente. Es debatible si es principalmente ortodoxo o principalmente de medio oriente. Creo que la parte de su perspectiva de medio oriente es más importante.

(El término “medio oriente” necesita ser explicado. Los judíos de países musulmanes eran llamados de “sefaradíes”, pero es un nombre poco apropiado. Sefarad es el nombre hebreo de España, y el término se aplica propiamente solo a los judíos que fueron expulsados de España por sus majestades católicas Fernando e Isabela en 1492. Fueron bienvenidos en el imperio musulmán otomano, y se expandieron desde Marruecos a Bulgaria e Irán. Sin embargo, la mayoría de los judíos de países musulmanes no son sefaradíes. Mi revista, Haolam Hazeh, comenzó a llamarles Mizrahím, Orientales, y éste término es generalmente aceptado hoy día.)

Los orientales son hoy como la mitad de la población judía de Israel. La ruptura entre ellos y los judíos de origen europeo, que se esperaba que desapareciera con el tiempo, está creciendo. Los orientales se sienten discriminados y odiados por la “élite” asquenazí y generalmente maltratada. Encierran un rencor profundo. (Asquenazí es el antiguo nombre hebreo para Alemania, pero aplica ahora a todo Europa.)

AQUÍ debo de explicar mi relación especial con el problema oriental. No me detengan si lo han escuchado antes.

En medio de la guerra de 1948 me promovieron de soldado raso a jefe de grupo y fui permitido a escoger entre reclutas polacos o marroquíes. Escogí a los marroquíes, con algunos libios y turcos. Sin tener una lengua común, los entrené y los guíe en la batalla. Traté arduamente en darles un trato justo. Ellos me lo agradecían al poner sus propias vidas en peligro para salvar la mía cuando fui herido de gravedad.

Ya durante la guerra de 1948, me di cuenta que algo estaba muy mal. Mis soldados, voluntarios que habían venido a Israel para pelear sin sus familias, sentían que los antiguos colonos—y especialmente las mujeres—los veían como salvajes listos para dar navajazos.

La interacción entre éstos inmigrantes y los “viejos” habitantes estaba basada en malentendidos mutuos. Los veteranos que nacieron y crecieron en el país se sentían mucho más superiores, y querían sinceramente ayudar a los “primitivos” recién llegados para que llegaran a ser como nosotros. Los recién llegados, que enfrentaban prejuicios por doquier, naturalmente resentían esta actitud. Esto sucede por lo general en países con inmigrantes.

Con mi reciente experiencia en la armada, me di cuenta muy temprano de está tragedia en pleno desarrollo. Ya en enero de 1954 publiqué en mi revista una investigación que se titulaba “Metiéndosela a los negros” que causó un escándalo en toda la nación. Fuimos acusados de incitar odio, sembrar división y que no. Le tomó décadas al país para darse cuenta que tenía un problema mayor en sus manos. En los siguientes años, mi revista apoyó a los orientales en general.

LA RUPTURA entre los asquenazíes y los orientales es una de muchas en Israel. Existe una ruptura profunda entre los ortodoxos y los laicos, judíos y árabes, inmigrantes antiguos y los nuevos (de la antigua Unión Soviética), izquierdistas y derechistas, habitantes de Tel Aviv y los de los suburbios y la “periferia”, y, por supuesto, entre los bien habidos y los pobres.

Eso, por sí mismo, no es muy trágico. Cada país tiene sus brechas de clases diversas.

Lo que es malo para nuestras brechas es que son realmente una y la misma. La gran mayoría de los orientales son también religiosos, derechistas, pobres y viven en la periferia. No gustan de los asquenazíes, los laicos, los árabes, los izquierdistas, los Tel Avivis, los ricos y las “élites” en general.

Ellos son también la base electoral del Likud.

¿POR QUÉ, POR el amor de Dios?

La lógica dictaría todo lo contrario. El Likud es neoliberal, un instrumento de los súper-ricos, un proponente de políticas para hacer de los pobres más pobres, que canalizan fondos destinados para la educación, salud y bienestar social hacia los asentamientos de colonos y la armada. La gran mayoría de los colonos son asquenazíes.

Cuando un oriental vota por el Likud, él vota en contra de sus propios intereses. Entones, ¿por qué lo hace?

Existen muchas explicaciones, todas de ellas válidas.

Una de ellas es que, cuando la masa de orientales llegaron a Israel, encontraron una sociedad que veía a los árabes no sólo como archienemigos, pero también primitivos y despreciables. Pero los orientales hablaban con los sonidos guturales de los árabes, su música era árabe, su cultura y mentalidad era árabe. Así que los recién llegados se apresuraron a abandonar todos estos atributos árabes, pero con poco éxito. Ellos profesaron un perdurable odio a todo lo árabe.

Un aspecto curiosos fue la rehechura retroactiva de la historia. Los gobernadores musulmanes habían bienvenido a los refugiados sefaradíes, quienes se asentaron por todo el imperio. Los judíos en tierras islámicas vivían en paz, protegido por los dirigentes musulmanes que estaban obligados por el Corán a proteger a los judíos (y cristianos), los “pueblos del Libro”. No hubo pogromos (una palabra rusa), expulsiones, y claro está, Holocausto. Incidentes anti-judíos eran escasos y locales.

Pero en Israel, los inmigrantes de Marruecos, Egipto, Iraq a Irán, y más aún sus descendientes, fueron convencidos que su vida en el mundo musulmán había sido un infierno interminable, incluso antes que el advenimiento del sionismo comenzara una lucha insurgente real.

Una vez, durante un debate en el Knesset, Abba Eban dijo lo mismo. Le envié una nota en privado y protesté furiosamente. Él medio se disculpó (“Existen claros y oscuros…”) y me envío su voluminoso libro sobre la historia judía, en el cual no hacía tal declaración.

Curiosamente, los palestinos creyeron por muchos años que los “árabes judíos” traerían paz y reconciliación, a diferencia de los líderes asquenazíes sionistas que odiaban a los árabes. Los ciudadanos árabes en Israel también creyeron que los judíos orientales llegarían a ser un “puente”.  Fueron amargamente decepcionados.

Otra razón por la adhesión de los orientales a la derecha en Israel es su estatus socio económico. Es un fenómenos mundial que en los países colonialistas, el estrato más bajo de la nación dominante (la “chusma blanca” en los EEUU) es el enemigo más extremo de las minorías nacionales.

Y existe el factor emocional. La derecha generalmente habla en un lenguaje emocional, apelando al corazón, mientras que la izquierda utiliza la lógica fría, apelando al cerebro. La lógica secular no llama la atención de las masas orientales, que utilizan kipás. Sin embargo, la religión de los orientales es generalmente mucho más moderada y tolerante que la religión fanática de los asquenazíes ortodoxos.

El partido de SHAS fue fundado en 1982, después de varios intentos fallidos de instaurar una fuerza política oriental. Shas (el nombre significa 360, el número de los libros en el Talmud) era moderadamente ortodoxo. En general, los judíos orientales son mucho más relajados y tolerantes en su perspectiva religiosa que su contraparte religiosa asquenazí.

El espectacular guía religioso y líder político de Shas era el Rabino Ovadia Yosef, un rabino carismático que nació en Iraq, considerado como un genio religioso. Ganó 4 curules en 1984, que aumentaron a 17 en 1999 y se normalizó en alrededor de 12 curules.

Su ascenso inicial fue debido al advenimiento meteórico de un joven marroquí, Aryéh Deri, un muy talentoso político, que alrededor de la joven edad de 28 ya había obtenido el rango de Director General del Ministerio del Interior.

Deri atrajo mi atención cuando el claramente abogaba por la paz con los árabes y veía a su partido como un instrumento para ese fin. El Rabino Ovadia, también, abogaba por la paz y a diferencia de casi todos lo otros rabinos prominentes declararon que era permisible el dar territorios de vuelta a los árabes si es que salva vidas judías. El visitó Egipto y expresó opiniones similares.

Todo esto me convenció el apoyar al partido. Escogí a Deri como el Hombre del Año en mi revista y escribí un artículo extenso, en el cual acentuaba la misión de los orientales de hacer la paz, debido a la simbiosis cultural entre árabes y judíos desde los tiempos medievales. Todas las grandes personalidades de los judíos orientales, desde el pensador religiosos Moshé Maimónides, quien fuera el doctor de Saladino, hasta el excelente poeta Yehudá Halevy, hablaban y escribían árabe y también eran parte de la cultura árabe.

Sin embargo, a través de los años Shas se desplazaba más y más hacia la derecha, motivado por la masa de sus votantes. Era generalmente un aliado de Likud. Pero durante el interludio de Yitzhak Rabín, fue Shas el que permitió a la parte izquierdista del gobierno lograr el acuerdo de Oslo.

El RABINO OVADIA murió hace 15 meses y fue sepultado con una de los funerales más grandes que Israel jamás haya visto. Dejó tras de sí dos herederos, quienes no se pueden ver ni en pintura.

Uno es Deri, que mientras tanto ha sido sentenciado a 4 años en prisión por soborno y fraude, fue puesto en libertad después de 2 años y 6 meses.

El otro es Elí Yishai, un político sin sentido del humor y fanático. Una vez me senté a lado de él en la banca de la Suprema Corte. Era como sentarse a lado de un volcán nervioso. No se quedaba quieto ni por un momento, moviendo sus extremidades todo el tiempo, y de vez en cuando saltaba para decir algo. Los jueces le ordenaron una y otra vez que se sentara y se quedara en silencio.

La enemistad entre estos dos es personal, pero tiene implicaciones políticas profundas. Shas se ha dividido en dos partes casi iguales.

La parte dirigida por Yishai se ha tornado determinantemente a la extrema derecha y está buscando por aliados entre los más elementos extremos e incluso fascistas. Ellos conducen ataques furiosos sobre Deri, y lo acusan de ser un izquierdista amante de los árabes. Como prueba circulan una entrevista que le di hace años, en la cual yo elogiaba la actitud de Deri por la paz. (Cuando es acusado que yo soy su amigo, el replica con un humor seco que con amigos como yo, él no necesita enemigos.)

LAS implicaciones PRÁCTICAS de todo esto es que si el Shas de Deri sobrevive las elecciones en Marzo con 5-7 curules en el próximo Knesset, su partido puede ser un posible candidato para la coalición centro-izquierda—si los números se dan a su favor. Esto podría ser crucial.

Para mí, sería la realización de un sueño. Significaría que el movimiento de paz israelí se liberaría de su gueto elitista asquenazí, y encontrarse por lo menos con una parte de las masas orientales.

En este momento, ésta es sólo una posibilidad. Si fuera religioso, rezaría por ello.

Uri Avnery es un veterano activista Israelí, nacido en Alemania pero emigrado a Israel en 1933 ante la subida de Hitler al poder. Una vez fue miembro del grupo paramilitar Irgún, y en 1948 luchó en la guerra árabe-israelí. Ha sido fundador y contribuyente de varias revistas de noticias alternativas en Israel, y el mundo. En 1965 fue fundador del partido político HaOlam HaZeh – Koah Hadash, y ganó el mismo año para ser miembro parlamentario del Knesset (1965-1969, 1969-1973, 1979-1981). El presente artículo fue tomado de la revista en línea Gush Shalom, titulado “Half of Shas”. Mi traducción al español.

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