De conversos y la pérdida de la identidad sefaradita

Por David Ramírez

day of wrath

Christopher Lambert, Iren Bordan in Day of Wrath Copyright: © 2005 IMS 3 LLP & Laurinfilm Entertainment. Source: Hotflick.net.

Al platicar con un amigo mío sobre cómo la nueva generación de sefaradíes está cada día menos consciente sobre la identidad sefaradí, y los problemas sistémicos que esto ha causado, no pude evitar en compararlo con la situación vivida por los conversos durante los ss. XV y XVI.

Los conversos eran judíos sefaradíes (originalmente judíos españoles y portugueses, pero hoy se utiliza para referirse a todo judío no-asquenazí) quienes por una u otra razón se vieron portando de la noche a la mañana la mascara de cristiano. Los libros de historia han discutido ampliamente lo que la iglesia católica les hizo; de lo que no se habla son las terribles secuelas sociales y psicológicas que tuvieron dentro de las comunidades de cristianos nuevos (igual que la palabra «converso», un designio creado post-conversión) a través de toda España antes y después de 1492. La asimilación a una sociedad jerárquica inflexible tiene muchas cabezas repulsivas que terminan indiscriminada e inmisericordiosamente comiéndose unas a otras.

Mucho antes de las conversiones forzadas de 1391, las órdenes monásticas decidieron habilmente el ganarse prosélitos de entre los judíos, quienes a su vez serían utilizados para conversar con sus antiguos correligionarios con una familiaridad difícil de lograr para quienes no venían de sepa hebrea; la misma política sería continuada aún después de la expulsión. Así se desplegaron caballos de Troya cristianos dentro de las comunidades judías. Los judíos apostatas llegaron a ser portavoces de la doctrina cristiana y buscaron con ello debilitar las juderías desde dentro. Después que las conversiones llegaron a ser comunes, la situación empeoró.

Los conversos se encontraban divididos entre los que se aferraban a sus antiguas tradiciones y aquellos que trataban de cualquier manera adaptarse acorde a sus nuevos hermanos en Cristo, incluso si éstos últimos los odiaban inclementemente por ser todavía judíos de «raza».

A menudo este acto divisorio rompía con la unidad familiar. Los niños conversos era frecuentemente llevados lejos del cuidado de sus padres, para ser instruidos en doctrina cristiana, algunas veces en contra de su voluntad. Durante las primeras décadas de la Inquisición española, éstos niños y otros conversos fieles a la cristiandad entregarían a sus familiares que eran sospechosos de practicar el judaísmo en secreto; una ofensa capital para la ley eclesiástica. Aquellos que escogían ser fieles al judaísmo llegaron a ser parías y eran castigados en público, ya sea en la hoguera o al ser humillados en un auto de fe (festín cristiano realizados en las plazas públicas que pretendía reafirmar la fe católica por medio de exponer, condenar y ejecutar a los pecadores).

Una vez que los judíos confesos no-bautizados salieron expulsados de la península, se crió otro hondo vacío para los conversos que trataban asirse a la Toráh (ley judía). Ya no podían tener acceso directo a sus antiguas tradiciones, y la memoria de éstas llegaron a ser borrosas conforme pasaba el tiempo. Para los conversos que les fue posible avanzar en la escalera social y económica del mundo cristiano, llegó a ser imprescindible el borrar cualquier rastro de su pasado judío.

El director estadounidense Adrian Rudomin ilustró éste proceso social-religioso en su película del 2006 «The Day of Wrath», estelarizada por Christopher Lambert. La película es un drama de suspenso ubicado en España a mitad del s. XVI, en un pueblo donde estaban sucediendo muchos asesinatos inexplicables.

Conforme la trama se desarrolla hacia el final, resulta que el pueblo era uno donde todo mundo era converso que pretendían ser rancios cristianos viejos (visigodos de «pura sangre», es decir, sin «mancha» consanguinia de musulmán o judío). Ellos fueron capaces de disimular su pasado judío ante los ojos cristianos. La élite conversa, igual que una mafia adinerada y poderosa, hicieron todo lo posible para evitar las intrusiones inquisitoriales y la envidia de los gentiles, por lo cual eran capaces de antemano asesinar a sus propios esposos y esposas si pensaban que les iban a descubrir. «The Day of Wrath» es una moraleja histórica que nos invita a reflexionar sobre la interna guerra incestuosa para mantener una posición social. La única manera de salir de este manicomio era huir de los reinos españoles y portugueses a lugares donde había comunidades judías de sefaradíes en exilio.

Fueron los conversos pasando como cristianos viejos, o los que desesperadamente trataban de probar su fidelidad a la Iglesia, los que llegarían a ser los Inquisidores más despiadados y perseguidores de criptojudíos que seguían fieles al judaísmo; condenando a sus hermanos conversos y sus familias a la muerte, exilio o vergüenza perpetua. La defensa de esta represión e inmoralidad llegó a ser una insignia de honor, todo en el nombre de la «santa madre Iglesia».

Los sefaradím, en un contexto actual, han atravesado por un proceso similar de asimilación voluntaria e involuntaria, donde la antigua tradición es desechada a favor de nuevas normas sociales de conformismo, y únicos recursos para subir socialmente y hacerse notorios.

Todo comenzó a finales del s. XIX, con la «conversión» de los sefaradíes a la «iglesia» sionista asquenazí (judíos franco-alemanes), la cual ha reemplazado las tradiciones judías con una nueva forma de nacionalismo laico al estilo europeo, añadiendo un poco de pimienta judaica para darle sabor hebreo. Éstos fueron los primeros caballos de Troya invadiendo las comunidades sefaradíes por doquier, desplazando y debilitando los hitos con su antiguo pasado orgánico.

El s. XX vio dos cambios sin precedentes que equivale a los judíos saliendo de España. Uno fue la aniquilación de las comunidades sefaradíes occidentales a manos de la Alemania Nazi. El segundo fue la expulsión de los judíos árabes inducida indirectamente por los sionistas. Estos dos combinados devastaron los centros de enseñanza rabínica y crearon un hondo vacío judaico.

En Europa, éstos centros de enseñanza judía fueron destruidos. A los rabinos judíos árabes que lograron viajar a Israel nunca les fue permitido ejercer su influencia ya que el establecimiento asquenazí nunca lo permitió. Como los niños conversos entonces, las nuevas generaciones de infantes sefaradíes llegaron a estar a la merced de una nueva y muy diferente tradición judía.

Como si la historia se repitiese de nuevo, las nuevas generaciones de sefaradíes se vieron al servicio de nuevas posturas, generalmente militantes. Aquellos que se asían a las antiguas tradiciones se vieron cada día mas aislados. A diferencia de los conversos que se aferraban al judaísmo que les quedaba, sin embargo, éstos sefaradím no podían huir a cualquier oasis disponible, ya que no existen centros de judaísmo sefaradí como una vez existieron durante la temprana edad moderna.

Los resultados son patentes y claros por todas partes. Hay los sefaradím en puestos de liderazgo que son portavoces para los asquenazíes. Si no fuera por su apellido o el color de piel, no adivinarías que éstos son sefaradíes porque su discurso es copia fiel a la de los asquenazíes; éstos son los conversos haciendose pasar por cristianos viejos. Ejemplo de ello son los políticos y líderes que marchan al sonar del tambor asquenazí.

Luego hay los sefaradíes que se mantienen como tales superficialmente, al asirse a ciertas costumbres culturales, pero sabiendo nada sobre su herencia intelectual; ellos son los conversos que mantienen las pocas costumbres judías que les quedan y sin embargo viven con confort en el mundo cristiano, y no harían nada para que su confortable nicho en la sociedad estuviera en peligro. Éstos son los sefaradíes que promueven cosas como festivales de film, música y cultura, donde sólo el pasado colorido importa, sirviendo como muñecas de porcelana de museo para el entretenimiento judío.

Luego existen los sefaradíes que quizás aprendan de su herencia ya como adultos, pero su conocimiento se encuentra limitado a libros. Éstos sefaradíes permanecen nostálgicos por un pasado ya perdido, mientras imitan y complacen a los asquenazíes para avanzar socialmente. Éstos son los conversos que nunca tuvieron los cojones para huir, pero que obtuvieron un nivel de confort trabajando y viviendo en el ambiente cristiano. Muchos de los pocos, si no todos, sefaradíes que deambulan por los pasillos universitarios tienen esta máscara.

Por último, tenemos a los muy pocos sefaradíes que saben y aman su herencia, tratan de promoverla a pesar de las posibles peligrosas secuelas, y sufren de la reacción violenta engendrada por sus hermanos sefaradíes confortables en su piel asquenazí. Ellos son los conversos que tratan de promover y mantener su judaísmo, pero que fueron entregados por sus propios hijos y parientes para encarar el auto de fe. Éstos son los sefaradíes que perdieron todo y lograron nada durante el proceso.

De éstas cuatro categorías de sefaradíes asimilados, históricamente es la primera – los portavoces militantes – que han causado más daño a la cohesión y continuidad de nuestra cultura y comunidad. Para ilustrar todo lo anterior, permítame presentar un caso reciente de la vida real que sucedió en un foro de Facebook. Un amable joven – y quien pensaba como inteligente y sensible – de la comunidad judía siria de Brooklyn y yo estábamos discutiendo sobre un artículo de Ynet escrito por Akiva Novick, tocante a un controvertido caso de espionaje sionista llevado acabo durante los años 1950s.

El artículo detalla la vida de diez hombres judíos iraquíes que fueron entrenados por agentes del Shin Bet para infiltrar villas palestinas, pretendiendo ser no-judíos árabes, y reportar cualquier información que ellos considerasen importante. Una vez infiltrados en la comunidad árabe-palestina, para mantener encubierta la operación «el personal comando de Shin Bet pensó que sus hombres deberían de casarse para que la operación fuese exitosa, pero estuvieron de acuerdo dejar esa decisión a sus agentes. Muchos de ellos se casaron con mujeres árabes». El artículo si discutió las terribles consecuencias que esto tuvo para las mujeres y sus hijos; no mencionó nada equivalente para sus maridos judíos-árabes y sus familiares que dejaron en Israel.

Para el lector occidental, tales operaciones de espionaje parecerían estándar y sin objeción alguna – incluso se considerarían patrióticas. Para un judío religiosos, sin embargo, esto representa una infracción halájica (a la ley judía) que no puede ser fácilmente ignorada. Por la autoridad de la Toráh se encuentra prohibido el tener relaciones sexuales con un no-judío por medio del matrimonio, una infracción punible con latigazos decididos por la corte (M”T Issuré Bi‘ah 12:1). La prohibición – dentro de la teoría de derecho judaico – es tan seria que su trasgresión bajo coerción es una de las tres donde el judío debe de dar su vida ante su adversario antes de trasgredir, las otras dos siendo la idolatría y el asesinato (ref. Iggeret haShemad de Maimónides). Y si uno fuera descubierto por diez testigos válidos judíos, es la única transgresión sexual en la ley judía donde un fiel religioso le es permitido matar al transgresor al instante, siempre y cuando el coito siga en función.

Después de un comentario irónico que hice al respecto, donde inferí que estos llamados «sionistas» no tienen la más mínima consideración por la Toráh, el joven del que hablo respondió precipitadamente: «Ellos [los espías iraquíes] no fueron forzados para nada. Ellos son patriotas felices de hacer sacrificios dolorosos por el [pueblo] judío» (mis corchetes). Permítame señalar que ésta es una declaración hecha por alguien que tuvo una educación judía privilegiada en el sistema de Yeshivas (escuelas religiosas judías) de la comunidad siria de Brooklyn. No es un ignorante per se.

De alguna manera éste joven creció aprendiendo que el Estado se encuentra arriba de la Toráh, donde cosas como «ley» y «moral» son relativas a su servicio, arriba de las vidas de individuos y la Ley del convenio con Dios: Un Molech moderno recibiendo la sangre de nuestros hijos.

El rabino José Faúr, un autor y erudito rabínico que ambos – el joven y yo – admiramos en gran mesura, ha explicado un tipo de apostasía judía que se llama minut de la siguiente manera:

“Lo que hace a los miním (apostatas judíos) particularmente odiosos es su metodología de engaño. Son unos pérfidos; utilizan la Escritura no para enseñar pero para inducir al ingenuo en error. Ellos seducen al crédulo, exponiendo un aspecto aislado de sus doctrinas para bloquear el juicio racional de su presa, así llevándolo a hacer cosas que el o ella lamentará por el resto de su vida. Su uso manifiesto de la Toráh y su utilización de palabras y fuentes judías son trucos con la intención de atraer al torpe. A pesar de su religiosidad pretenciosa, ellos son unos cínicos que no creen en ninguna religión”.

— Horizontal Society, vol. II; Págs. 119,120; mi paréntesis y traducción.

¿Es esto acaso un cargo condenatorio al tipo de aprendizaje judío que éste joven – como el resto de los sefaradíes desde el advenimiento del sionismo moderno – recibió en la afluente y rebosada comunidad siria de Brooklyn?

En una sociedad jerárquica que impide la pluralidad de voces, tal y como aquella de la España cristiana o el sionismo moderno, grupos privados de representación tienen sus decisiones en la vida muy limitadas base a un ambiente cerrado. Naturalmente, la aceptación social hacia los que poseen el dominio y soberanía es una prioridad muy importante; todo mundo sigue la opinión dominante donde no existen posibles alternativas dentro de ella, y aparentemente sin forma de vivir fuera de ella. Como los antiguos israelitas que se lamentaban el haber salido de Egipto, el exilio es una opción aterrorizante desde el confort y la abundancia de melones, pepinos y pescado. Nos demuestra el respeto que debemos de tener para aquellos que escogieron el exilio, con coraje y determinación, para reafirmar sus valores camino a la Sociedad Horizontal – donde toda la humanidad es creada por igual y sin temor uno del otro –, la verdadera Tierra Prometida.

El Éxodo fuera de la tiranía, aunque es una opción aterrante, continua existiendo como una posibilidad siempre presente.

Artículo originalmente publicado en Marzo 20, 2011

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