La Ley Inmutable

La herencia y esperanza de Shearith Israel

Por el Rev. David de Sola Pool, Ph.D.

Sermón predicado en la sinagoga Hispano-Portuguesa Shearith Israel, Central Park West y Seventieth Street, New York City, en el Sabbath Shubá, Tishri 3, 5877, Septiembre 30, 1916.

Photo Credits: David de Sola Pool, anonymous; Congregation Shearith Israel, Ozier Muhammad/The New York Times

Photo Credits: David de Sola Pool, anonymous; Congregation Shearith Israel, Ozier Muhammad/The New York Times

“Y Moisés le dijo a Israel, fijad vuestro corazón en todas las palabras que Yo testifico ante ti hoy, las cuales ordenaréis a vuestros hijos que las obedezcan cuidadosamente, todas las palabras de esta ley. Porque no es una cosa muy insignificante para vosotros, pero es vuestra vida y por medio de ella prolongarás vuestros días en la tierra.”

— Deuteronomio XXXII, 46, 47.

Para el no-judío, el fenómeno de nuestra supervivencia como nación en presencia de la ruina y desaparición de imperios grandes y estados poderosos, es un acertijo inexplicable. Le parece como un milagro que el débil e indefenso judío ha persistido a través de la destitución, falta de derechos, el odio, la persecución y la implacable inhumanidad de la humanidad que ha sido su suerte por dos mil años.

Pero nosotros que vivimos la vida judía no vemos un milagro en nuestra supervivencia. Sabemos que nuestra supervivencia es el resultado necesario de nuestra Ley. El milagro real es éste instrumento de nuestra persistencia – la Ley. Verdaderamente maravilloso es el poder preservador y dador de vida de la Toráh entregada por Dios, la Ley que Moisés nos instruyó y cuyo mensaje de partida nos imprimió solemnemente en nosotros como nuestra vida y la duración de nuestros días.

¿Puede que ésta afirmación, que la Ley es la causa de nuestra persistencia como pueblo, pueda ser corroborada? Es uno de nuestros privilegios, viviendo como lo hacemos en estos días postreros, que podemos medir las afirmaciones de la Ley hechas por la Biblia, comparado con los efectos actuales de la Ley tal y vistos en la vida judía. Los hechos escuetos de la vida judía y las enseñanzas llanas de la historia judía son los ensayos con los cuales podemos comprobar la validez pragmática de la Ley. Moisés mismo en la Parashá de hoy nos invitaba a aplicar esta prueba para poder obtener un entendimiento veraz de la providencia subyacente en la historia. “Recuerda los días de antaño, considera los años de las generaciones sucesivas. Pregúntale a tu padre, y él te lo declarará, vuestros ancianos, y ellos te lo dirán.”[1] Cuando hacemos comparaciones racionales de los hechos empíricos nosotros juzgamos la Ley por medio de este estándar de sus resultados prácticos, tal y comprobados por la historia, las afirmaciones hechas por la Ley judía por medio de Moisés y otros maestros Bíblicos son brillantemente vindicadas. Ciertamente, no solamente la Ley prueba ser una fuerza inigualable para el bien en la construcción del carácter, cuidando de la moral y asegurando la felicidad individual y social, pero prueba ser esencial para preservación del pueblo judío.

No hay hecho que surga más claro de nuestra historia que este — que la observancia de la Ley, y sólo esto, nos ha preservado como judíos, mientras que la indiferencia de la Ley ha inducido rápidamente la ruina judía para aquellos que la han desatendido. Cada vez que nosotros los judíos hemos desprendido la armadura defensiva de nuestro Shabbat que nos diferencia de nuestros vecinos; cada vez que hemos descuidado nuestros festivales, ayunos y días religiosos, las leyes dietéticas y otras ceremonias distintivas y ritos que aseguran nuestro separatismo y preservan nuestra individualidad judía, el abandonar estas defensas probadas por los tiempos y la tradición ha significado nuestra derrota judía ante las fuerzas de la erradicación. Estos son los hechos inexpugnables de la historia.

Por lo tanto, que otros hablen en términos generales de la necesidad de modificar la ley. Ellos pueden opinar afirmaciones teoréticas de la necesidad de progresar con los tiempos. Puede que aseveren la aparente necesidad de modernizar y re-interpretar la Ley. Hacemos sereno hincapié a la lógica implacable de la historia y demostramos como la observancia de la Ley tradicional ha sido nuestra vida y la duración de nuestros días. Nosotros demostramos como la adhesión a la Ley ha conectado padre e hijo, generación tras generación, en una cadena ininterrumpida de tradición. La voz de la historia nos dice que cuando la Ley de la vida judía ha sido quebrada o reformada de una u otra manera, grupos y sectas se han formado, y estos grupos sectarios, por medio de una creciente divergencia de la Ley judía y creciente conformidad con los estándares de nuestros vecinos no-judíos, finalmente se alejaron del judaísmo.

La reforma del judaísmo, siendo esencialmente una asimilación o adaptación del judaísmo a los estándares del ambiente no-judío, siempre ha sido y debe ser progresivo. La alteración de la Ley es un proceso que una vez comenzada, no puede ser detenida. Significa el sacar un ladrillo aquí y otro allá, así que la pared debilitada sucumbe por medio de su propio peso más y más hasta que ultimadamente se derrumba en ruinas.[2] ¿De qué sirve para defensa una pared que tiene una apertura? “Aquel que derrumba una pared, una serpiente le morderá,” dice el Predicador.[3] “Aquél que hace una apertura en la valla de la Ley,” dicen los Rabinos, “da entrada a las influencias insidiosas de la destrucción.” [4]

Hagamos una prueba a esta afirmación general por medio de hechos específicos en la historia reciente conocidos por todos. Es una iluminante verdad histórica que, con la excepción de esta congregación, que tiene doscientos y sesenta años, y nuestra congregación hermana sefaradí en Filadelfia, que tiene como ciento y setenta años, no hay congregación judía en los Estados Unidos de más de cincuenta o sesenta años de edad que no se hayan rendido a las progresivas influencias de la reforma. Estas dos son las únicas congregaciones añejas en la cual el congregante sabe en todo tiempo donde está parado y en la cual puede estar seguro que el judaísmo de hoy es el judaísmo de ayer y el judaísmo de mañana. Cualquier otra congregación de edad se ha distanciado de los amarres de la Ley y ha reinterpretado el judaísmo para ajustarse a los caprichos avanzados por sus sucesivos ministros, y las insistentes demandas para una religión más fácil hecha por las congregaciones “que no quisieron oír la ley de Dios; que le han dicho a los videntes: ‘No veáis’; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas; ve visiones de ilusiones placenteras.’” [5]

Así que, cuando la voz de la crítica se levanta y nos dicen de la espuria necesidad de reforma, nosotros en esta sinagoga ni siquiera discutimos esas declaraciones hipotéticas. Nosotros indicamos los hechos. Llamamos la atención a nuestra estabilidad y perdurable continuidad. Estamos contentos de mantenernos en contraste con la instabilidad errática, caprichos impredecibles y, ante todo, la esterilidad de las congregaciones que han ido de una reforma a otra. Las congregaciones liberales judías pueden parecer prósperas en el presente; pero se han separado del pasado y se han cercenado ellos mismos del futuro. Nosotros, respetando el pasado y el futuro, damos reconocimiento aquiescente a la advertencia del Sabio “No remuevas el punto de referencia que vuestros padres han dispuesto.”[6] De hecho, nosotros “prestamos oídos a nuestro padre que nos procreó y no despreciamos a nuestra madre cuando ya ha envejecido.” [7]

Hoy hace diez años fue cuando primero entré a este púlpito. Hablé entonces sobre el texto que otra vez he escogido: “Ya que la Ley es tu vida y por medio de ella prolongarás tus días.” Entonces abogaba el judaísmo tradicional porque así había sido entrenado, y, quizás no había visto el judaísmo reformista. Hoy abogo por el judaísmo tradicional porque he visto el judaísmo reformista y he evaluado su inherente fracaso. Estos diez años de trabajo, experiencia, estudio, pensamiento y rezo, han sido para mí años de creciente esclarecimiento y determinación de opiniones religiosas. Ahora que la década está por terminar, acojo esta oportunidad de reafirmar la convicción que ha crecido aún más en mi con el paso de los años que la estricta y fiel adhesión de la Ley delinea nuestra vida judía y la duración de nuestros días. Como Sheliach Tsibbur, ministro, sirviente, portavoz de ésta congregación, renuevo mi compromiso, y la congregación a la que sirvo, mi fidelidad duradera a la Ley que nos dio Dios y expresada a través del sagrado judaísmo de nuestros ancestros. Tal individualismo como los ministros de esta congregación pueden poseer debe de ser ejercido en otras direcciones que en reescribir un libro de rezos, anular la Ley y desbaratar la Biblia.

Nosotros en esta congregación no podemos ser hipnotizados por el grito de la necesidad de progresar con el espíritu de la época; ya que sabemos que la vida dominante en las tierras de nuestra dispersión no es judía, y nos rehusamos en poner en peligro nuestra forma tradicional de vida judía al transformarla en respuesta a una influencia externa. Recordamos la fábula dicha por el Rabino Aqibá cuando fue descubierto estudiando y enseñando la Ley en desafío de la prohibición del gobierno romano. Él dijo: “Un zorro estaba caminando por las orillas del río, y vio un pez en el agua nadando muy agitado.” Dijo el zorro: “¿De qué te estás tratando de escapar?” El pez respondió: “De las redes del pescador.” Entonces el zorro le aconsejó, “Ven a tierra firme y vivamos en paz juntos.” Pero el pez respondió, “O zorro, llamado de los animales el más sabio, pero en verdad el más tonto de ellos, si estamos en peligro en nuestro elemento dador de vida, ¿cuánto más peligro no enfrentaríamos en el elemento que significa nuestra muerte?” “Aun así”, dijo el Rabino Aqibá, “si la observancia del judaísmo es difícil, es por lo menos nuestro elemento natural y nuestra vida, como está escrito “es tu vida y la duración de tus días.”[8] Cuán mejor no estamos con la Ley y sus dificultades que sin la Ley, y enfrentando destrucción certera.” [9]

La Ley es nuestra vida y la duración de nuestros días. Fidelidad inquebrantable a la vida de la Ley y la Ley de nuestra vida — que permanecerá siendo la tradición, la política, la consigna de esta congregación. “Fijad vuestro corazón en todas las palabras que Yo testifico ante ti hoy, las cuales ordenaréis a vuestros hijos que las obedezcan cuidadosamente, todas las palabras de esta ley. Porque no es una cosa muy insignificante para vosotros, pero es vuestra vida y por medio de ella prolongarás vuestros días en la tierra.”

Traducido al español por David Ramírez


[1] Deuteronomio XXXII, 7.

[2] Isaías XXX, 13.

[3] Eclesiastés X, 8.

[4] Abodáh Saráh 27b.

[5] Isaías XXX, 9, 10.

[6] Proverbios XXII, 28; Sifri a Deuteronomio XVII, 14, con la revisión de Elijah Gaón.

[7] Proverbios XXIII, 22; Mishná Berachóth IX, 5 y Rashí Berachóth 54a.

[8] Deuteronomio XXX, 20.

[9] Berachóth 61b.

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