Sobre el estudio, práctica y pensamiento crítico de la Toráh

Por David Ramírez

Jacques Emile Edouard Brandon (1831-1897), «Un ragazzo legge la Torah durante la cerimonia del Bar Mitzvah»

Jacques Emile Edouard Brandon (1831-1897), «Un ragazzo legge la Torah durante la cerimonia del Bar Mitzvah»

Cuando uno recibe preguntas concernientes a otro material para estudio, o para clarificar ciertas afirmaciones acerca de nuestra Ley y tradiciones hechas por conocidos que no están familiarizados con las enseñanzas de los Sabios, debe de ser causa de felicidad al escuchar que cada individuo busque por sí mismo más estudio, más opiniones, pero siempre debe recomendarse hacerlo con precaución.

Uno desearía decir que todo Israel en el presente es uniforme, trabajando en unísono con una mente, acorde a los dictámenes de nuestros Sabios y nuestras honorables tradiciones. Pero debido a varios accidentes de nuestra historia, y en parte el descuido de nuestros líderes comunitarios para salvaguardar la educación de nuestra Nación, el pueblo Judío se ha diversificado en sus mentes, haciendo lo prohibido, permitido; y lo permitido, prohibido (“Cuando los hedonistas se multiplicaron, la justicia vino a ser pervertida, la conducta deteriorada, no hay satisfacción [a Dios] en el mundo. . . Sus corazones van detrás de sus ganancias, se multiplicaron los que llaman la maldad ‘bueno’ y lo bueno ‘maldad’” TB Sotáh 47b); y a veces un segundo lo hacen permitido y en el otro lo hacen prohibido. De esta manera el entendimiento y transmisión de nuestra Ley se ha opacado, forzando a los buscadores de la verdad trabajar más y más a través de una selva cada vez más densa, para finalmente salir al claro, lejos de incertidumbres Amazónicas.

En lo que concierne a las preguntas, a veces es difícil acertar una respuesta, ya porque el material que alguien propone no pueda ser familiar, o porque se pueda responder de una manera que, debido a un profundo desacuerdo con la opinión pendiente, les pueda dar la impresión equivocada.

Aunque algunos hayan deseado desde la infancia el haber tenido un padre que los guiara por los fundamentos del Alef-Bet, la Escritura y nuestra Ley Mental, esto solo vino a ser en los años adultos y con mucha tribulación, en un momento cuando el cerebro no era ya más joven para absorber en fresco, y las preocupaciones concernientes al destino de Israel en el presente se habían apoderado de las emociones y perturbado la paz mental. Esto solamente lo hace uno menos preparado para recibir y ejercitar el trabajo enorme que se alza ante el alumno.

Habiendo dicho esto, debemos recordar el dicho de nuestros Sabios que nos enseña en tratar de encontrar sabiduría en cualquier parte donde se encuentre, siempre y cuando sea prístina y pura. El RaMbáM mismo repetidamente nos recuerda el aprender de todas las ciencias prácticas y contemplativas, que son instrumentales en la disciplina de nuestra razón, y que a la vez nos ayudan para eventualmente alcanzar la comprensión del diseño de El Santo Bendicho, puesto para nuestro uso en su Santa Toráh.

Sin embargo, este dicho no es un visado libre para seguir cualquier opinión que nos pueda interesar, de todo lo que leemos y aprendemos. Cualquier cosa que pueda violar los principios de nuestra Ley debe ser evitada, y debemos de frenarnos en pensar que podemos violar esos principios. Entonces, la cuestión viene a ser, ¿cuáles son esos principios? Básicamente, Amar a Dios con todo tu poder, y Amar a tu prójimo como a ti mismo; se una buena persona, así removiendo la violencia de este Mundo, etc.; ¿pero, qué es lo que todo eso significa?

La escritura no es un medio suficiente para convenir una respuesta a tales cuestiones, ya que se encuentran desperdigadas a través de nuestra Ley escrita y oral, y varios comentarios de nuestros Sabios y los tratados escritos por sus sucesores, lo que imposibilita ponerlo todo en una pequeña carta como ésta: Y lo que colegimos de todos los escritos son solamente señales para guiarnos, algunos dichos en alegorías, otros en palabras simples y entendibles. Pero la raíz de todo yace con los atributos de Dios, los cuales leemos todos los días por medio de nuestras oraciones, a decir:

El Señor, el Señor, Dios misericordioso y pródigo en gracia, tardo para la ira y abundante en bondad y verdad, que preserva bondad para millares, perdona la iniquidad, la trasgresión y el error, y absuelve.

Y el RaMbáM nos recuerda lo mismo en su codificación, 

Estamos ordenados a caminar a través de los caminos de en medio – que son los caminos de la bondad, las veredas de justicia, de acuerdo a lo que está escrito: “Caminarás por Sus caminos” – Dt. 28:9. Los Sabios [del Talmud] enseñaron lo siguiente respecto al cumplimiento de éste precepto: “Cómo es Él (Dios)? – ¿¡Pío?! ¡Tú también, sé pío! ¿Cómo es Él? ¿¡Misericordioso?! ¡Tú también, sé misericordioso! ¿¡Cómo es Él!? ¿¡Santo?! ¡¡Tú también sé santo!!” Debido a esto, los Profetas llamaban a Dios por medio de sus calificadores: “Pío, Paciente y Bueno, Justo y Verdadero, Pleno, Poderoso y Fuerte” y parecidos – para hacer saber que estos son los caminos buenos y justos, y el hombre está obligado a conducirse a sí mismo y llegar a ser como [las formas por las cuales se llama a Dios], acorde con sus propias capacidades. [ Hilkhót De‘ót 1:11]

Éste es el comienzo de toda sabiduría.

El resto que encontramos en nuestra Ley son instrumentos, panfletos de instrucciones, y ejercicios que en conjunto tienen el objetivo de alcanzar la perfección, la cual es la imitación de los atributos del Dios Todopoderoso; “imitación” porque nadie puede ser como Él en su verdadera esencia, solamente los que Él ha permitido al hombre percibir con sus sentidos.

Pero . . . ¿cómo se llega a eso? Lo que está por seguir es una símil útil, y de ninguna manera es algo que se ha visto en otra parte, pero se toma prestado elementos de la símil del Huerto (Pardes). Así que perdónanos si encuentran esto insuficiente, pero es lo mejor que podemos hacer para explicarlo en términos simples.

El estudiar la Toráh es como entrar a un gran parque, con caminatas, fuentes y flores, árboles esculpidos y forestas, jardines diseñados y praderas salvajes, valles y picos, con lagos y ríos, puentes y kioscos, calzadas delineadas de mármol que se abren a cruceros, con una riqueza de vida en toda clase de especies de pájaros silbantes y de suntuosas plumas, animales de pastoreo e insectos, todos cuya belleza solamente puede ser apreciada mientras estés en él, y cuya enormidad y variedad ninguna cantidad de palabras puede describir. Cualquier hombre de buen corazón (que tenga como verdadera intención aprender y mejorarse a sí mismo) puede maravillarse, beneficiarse y disfrutar de la abundancia del parque; el hombre bruto – que no tiene sentido de orden, diseño y belleza – no tiene la (misma) apreciación, y si se le deja merodear sin que nadie le atienda, puede que pisotee todo y eventualmente destruir el parque sin ninguna clase de pensamiento o sentir.

En el comienzo quizá no sepamos la razón para el diseño del parque, ni porqué ni cómo fue construido, y con qué fin. Solamente Su Creador, bendito sea Él, sabe esto por completo y al mismo tiempo en su totalidad. Solamente la persona que se atreve a explorar por su propia cuenta o en compañía con otros, con la intención de entender todo lo que se halla ahí, podrá, con tiempo y paciencia, también llegar más cercas a Su entendimiento.

Hay tres clases de hombres que entran en éste dominio, sean estos de buen corazón.

Uno es el Inocente, quien comienza a explorar sin guía o conocimiento previo de todo lo que se halla ahí. El hombre Inocente puede con el tiempo, siendo paciente y meticuloso en su tarea, aprender por sí mismo y alcanzar sabiduría en cada paso que da, pero estaría limitado ya que solo puede viajar cierta distancia de esta manera. O, si la emoción le apodera, el hombre Inocente puede divagar sin conocer los caminos, perdiéndose y causándose mucho daño a sí mismo, y a otros que pusieron su confianza en él.

El otro es el hombre Inteligente, quien al ser entrenado con un experto senderista – para leer los mapas del parque (la Ley escrita y oral), su biología, hidrología, física y todo lo que se necesite para acceder su entendimiento y propósito – el también llega a ser completo para discernir los caminos del parque por sí mismo, su fauna, su intención y lugar, así llegando a ser el velador del parque y su dependiente, quien provee una propia guía a todo mundo que lo solicite. Éstos son en parte los Sabios y los Profetas que recibieron la Qabbaláh (la tradición recibida), explicaciones transmitidas de generación en generación desde la boca de El Santo Bendicho hasta Moshéh nuestro Maestro, y de él a nuestros días.

Pero el hombre Inteligente corre el peligro de ser abrumado por su propio conocimiento, así convirtiéndose en arrogante y presumido – incluso por una fracción de segundo –, separándose de las personas, así causando crueldad y destrucción a sí mismo y otros alrededor de él. Tiren una piedrilla al lago, y miren las ondas interminables que produce.

El tercer hombre es el hombre Perspicaz, quien va directamente con el experto Senderista para pedir asistencia y dirección (y así llegar a ser Inteligente), o al no tener nadie disponible, se apoya primero en el erudito, los Hakhamím de nuestra tradición, quienes han provisto atajos y los han dispuesto ante nosotros como diagramas fáciles de leer y estudiar, y de esta manera acceder la comprensión de cosas más complejas que los mapas y toda ciencia provee. Sin embargo, si el hombre Perspicaz confía en mal consejo (sea un inepto senderista o material equívoco), pensando que es bueno, puede que se pierda y se cause mucha destrucción.

No incluyo aquí al hombre Bruto que entra al dominio del parque con las clases anteriores, ya que tal no puede ser llamado hombre (porque él nunca utiliza o entrena sus facultades intelectivas, ni tampoco piensa que algún beneficio pueda venir de ello); ni tampoco puede ser llamado una bestia, porque los animales – como cualquier cosa en el Universo – fueron creados con orden, y muchos exhiben excelente cualidades de comportamiento ordenado y armonioso con sus derredores dignos de imitación (aunque no posea Libre Albedrío) que El Santo Bendicho hizo provisto en Su diseño – no seré yo el que ofenda a la creación de Dios al compararla con el Bruto.

El hombre Bruto es aquel que solo y de lleno sigue sus deseos del corazón, su imaginación, sin pensar el daño que pueda causarse a sí mismo u otros en el proceso, así llegando a ser cruel, arrogante, violento y otras cualidades detestables que deben desaparecer de la existencia.

Aún así, el hombre Bruto, habiendo sido creado con todas las Bondades y Facultades innatas e  intrínsecas que Dios diseñó con Sus manos y aliento desde el principio de la humanidad, posiblemente puede despertarse de su letargo, y llegar a ser un Inocente, Inteligente o Perspicaz – y estar en el camino para una vida mejor.

El estimado es que para cualquier persona deseosa de perseguir la perfección, él debe de seguir la dedicación y humildad del Inocente, la disciplina del Inteligente, y la habilidad ingeniosa del Perspicaz. Éstas son las maneras de nuestros Profetas y Sabios, que siendo hombres, también eran falibles e hicieron ciertos errores como resultado, pero nunca desistieron de perseguir la perfección.

Esto nos trae a las preguntas concernientes a materiales de estudio y opiniones desconocidos, en un mundo que ha llegado a ser diversificado y confuso. Ultimadamente, cada uno es responsable de su propio aprendizaje, y cada uno está solo con sus propios instrumentos para decidir lo que es propio y lo que no lo es.

A seguir versamos unas reglas básicas, y espero que éstas den a cualquier deseoso una guía y gerencia básica de cómo manejar tus propias incertidumbres, en cualquier momento que no exista consejo disponible, o si el consejero no puede de lleno contestar tus preguntas, o si existe un nivel de desconfianza acerca de la calidad del consejo.

Nunca deseches todo, ni aceptes todo tal y como viene – incluso si son aprobados por las llamadas autoridades o académicos en nuestros días. Concerniente a la sabiduría generada por los Gentiles, se encuentran bocadillos e incluso banquetes completos de verdad en todo, pero analízalos con ojo crítico y fuerte carácter.

¿Cuál es la regla general a seguir? Básicamente, cualquier cosa que se aleja de nuestra Santa Ley y su intención, desecha – y mejor aún, estate lejos de ello, por peligro que caigas preso. Haz esto hasta que estés fuerte en tu razón y tengas confianza para navegar: por Santa Ley significamos la Ley escrita y oral; su intención, y significado de las Éticas de nuestra Ley.

Desde el cierre del Talmud, ha habido Caballeros de gran sabiduría y entendimiento que han provisto obras que nos facilita el aprendizaje, para nosotros que estamos cada vez más alejados de la revelación en el Sinaí. Éstos son los diagramas, y no hay dibujante que ha sido más completo y accesible que el RaMbáM mismo, quien codificó toda la Ley Oral en su suprema obra maestra la Mishnéh Toráh, para el estudio del grande y pequeño.

Depositamos mucha confianza en el RaMbáM, siendo que recibió directamente, en línea recta, de la sabiduría y entendimiento de los Ge‘onim – los sucesores de los Sabios del Talmud – por medio de su padre, Hakhám Yosef ben Maimón, su maestro siendo Hakhám Yosef ibn Migash, su maestro siendo Hakhám YissHhaq ‘alFasi, su maestros siendo Hakhám Ya‘aqob Ibn Shashín, su maestro siendo Hakhám Hananeel ben Hussiel, su maestro siendo Hakhám Hayyá ben Sherirá, quien fuera uno de los últimos Ge‘oním, sucesores de las Academias Talmúdicas en Babilonia. De ellos a los Saboraím, y de ellos a los Amoraím (los Rabinos que cerraron el Talmud), y de ellos a los Tanaím (los Rabinos que formularon la Mishnáh), y de ellos a los Jueces y los Profetas de Israel, y de ellos a Moshéh Rabbenu, y de él a El Santo Bendicho, bendicho sea Él, quien nos diera Su Ley y las explicaciones de ella.

Era bien sabido por la mayoría de sus contemporáneos, así como lo que los modernos académicos y estudiantes han llegado a entender con mucha tesón, que las codificaciones del RaMbáM no  diferían ni por la distancia del grosor de un cabello con lo que había sido establecido por los editores del Talmud. Ni siquiera los Tanaím, divergían mucho de lo que los Amoraím habían establecido, aunque ellos tenían el poder judicial para cambiar las cosas si así lo deseaban. Desde el principio de la formulación de la Mishnáh en el s. II EC hasta el RaMbáM (d. 1204), existen DIEZ siglos de uniformidad. Tenemos confirmación de esto por un erudito de los Geonim, que dice:

“Parece ser que los miembros de las academias gaónicas se identificaban con la tradición viviente e ininterrumpida de la tradición oral del texto talmúdico que lo encontraban virtualmente inconcebible que errores se hayan metido sin detectar y contaminar esta tradición toda”  [Robert Brody, The Geonim of Babylonia, p. 158]

Por lo general, éste es el esquema que se recomienda cuando se trate de los esenciales de los misswót, los preceptos que regulan nuestras obligaciones ante Dios y la humanidad.

Cuando viene a las Éticas y los Principios de nuestra Nación, apóyate en los Salmos y Proverbios, el tratado de Abót en la Mishnáh, los comentarios y explicaciones que el RaMbáM da para Abót y las minas morales de piedras preciosas que da a través de la Guía de los Perplejos, y su tratado llamado Sefer HaMaddá en la Mishnéh Toráh; los Deberes de los Corazones por Hakhám Ibn Paqudá, y un favorito que no es muy conocido, los Proverbios Morales por Hakhám Shem Tob de Carrión.

Permite que tu razón guíe a tu corazón, y que tu razón sea moldeada por los esquemas que aquí he mencionado. Contempla en ellos diariamente, piensa en sus significados y aplicaciones y como se relacionan a los misswót. Éste es un trabajo que te llevará cada día de tu vida,  por medio de esto, gran profundidad y entendimiento adquirirás.

Ahora ilustraremos cómo se deben de tratar ciertas cuestiones de materiales u opiniones que puedan llevar a nuestros amigos lejos de los principios de la Toráh. Esto sigue la regla general que debemos buscar el remedio con nuestros Sabios, y apoyarnos en lo dicho por ellos, que junto con sus prescripciones sirven para corregir esto o aquello.

Una vez, al escuchar que alguien había tenido sueños que vinieron a ser verdad, personas comenzaron a especular sobre los temas de profecía y si sólo Israel tenía la exclusividad del don de la profecía, así creando la posibilidad de una naturaleza presuntuosa entre los nuestros. Podemos rápidamente buscar asistencia del RaMbáM, y dar una clase general sobre su explicación concerniente a la Profecía, donde desmiente ciertos mitos y cosas erróneas que las mentes débiles mantienen, uno por uno. Ésta clase puede tomar meses, y aunque pueda ser un gran reto, también llegue a ser de mucha satisfacción, especialmente cuando uno no ha tenido el tiempo de estudiar esta información tan importante.

En otra instancia, cuando alguien estaba tratando de faltarle el respeto a un Hakhám, porque halló una falta humana en él, uno puede estresar lecciones del Hilkhót Talmud Toráh que nos indica que tales cosas no pueden hacerse nomás porque sí; y si la falta hallada en el Hakhám es de una seria naturaleza halájica, entonces debe ser tratada discretamente y con respeto.

En otras ocasiones, y varias ocasiones éstas pueden ser, cuando se ve un mal y deshonrado comportamiento de un judío para otro, podemos instruir al individuo que leyera las Leyes del Comportamiento y los distinto dichos de Abót.

En otros momentos cuándo se traen interpretaciones Cabalistas de las Escrituras, algunas de ellas pervirtiendo la intención de los Sabios, se puede introducir razón a través de un largo debate sobre el lenguaje y contexto, y la importancia del Peshat (el significado literal) cuando se lee y se aprende la Toráh escrita.

Aún en otras ocasiones, que queriendo aprender Mishnayót de judíos de distintas persuasiones lejos de nuestros Sabios, se puede instruir al individuo que tales judíos adaptan la Toráh a la “modernidad”, y no la “modernidad” a la Toráh. ¡¡Poniendo el caballo detrás de la carreta!!

Toda clase de agravantes errores y trasgresiones han sido hechos por medio de tales tipos de desviados pensamientos en nuestra época. Cuando se trata de halakháh, no podemos aprender de judíos que se han alejado de la tradición rabínica. Y aunque alguno de ellos han llegado a ser académicos sobresalientes en el tema, el problema no es que no entiendan el material halájico, pero el problema reside en que no lo siguen. Es por esto que es assúr (prohíbido), ya que no podemos aprender halakháh de un no-creyente.

Y lo más difícil de todo es tener en cuenta nuestros propios errores, y corregirlos nosotros mismos, ya que a veces se nos puede acabar la paciencia, ser rápido en responder sin entender la intención de la pregunta, fallar en esconder nuestras tribulaciones ante otros y permitir que esto atrase nuestras obligaciones, y muchas otras cosas más que nos da vergüenza en admitir.

El modelo básico a seguir para saber qué no hacer, y nos permite verificarnos a nosotros mismos, se encuentra en los Tehinnot (Suplicas) que rezamos en los días regulares. A decir:

Todos somos juzgados juntos como uno confesamos que hemos sido culpables y tratado con falsedad y deshonestamente. Hemos hablado maldad y pervertido lo recto. Hemos sido viciosos, arrogantes y violentos. Hemos creado falsedad y dado mal consejo. Hemos sido falsos, burlones, y rebeldes. Hemos sido impíos e impacientes de disciplina. Hemos hecho el mal y roto la fe, y hemos sido severos y duros. Hemos trasgredido y permitido la corrupción y todo lo que es vil. Hemos errado de Tus caminos y burladamente hemos guiado a otros fuera de él, tornándonos fuera de Tus queridos mandamientos y enseñanzas, y no nos ha recompensado en nada.

Para cada falta, hay un remedio, y la medicina se encuentra en la Toráh, en las palabras de nuestros Sabios; y solamente el estudio y la práctica te llevarán al camino de en medio y un conocimiento más pleno de Dios y Su creación.

Aunque nadie pueda tomar crédito por algo que ha sido un esfuerzo colaborativo, debiéndose a los maestros de antaño, es un gran honor dar servicio, y causa de inmensa felicidad ayudarte y a otros a que puedan pensar por sí mismos las distintas cosas y sujetos que hemos hablado todo este tiempo, llegando a ser independientes y traer gran profundidad en sus cuestiones.

Porque un día de estos, si no ha llegado ya, seremos como aquel verso final en nuestro Piyyút del Sabbáth matutino, Adón ‘Olam:

Descanso mi espíritu en Su mano;

Dormido, despierto, con Él me quedo.

Mi cuerpo y mi alma con Dios

Enfrento mi futuro sin miedo.

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