El concepto de la abnegación en la tradición judía

Por David Ramírez 

“Mona Lisa,” by Leonardo DaVinci. Photo: AFP/GETTY

Sime‘ón hijo de Rabban Gamliel le gustaba decir, todos mis días he crecido entre los sabios y no he encontrado otra cosa mejor para el hombre que el silencio. Es más esencial el hacer que aprender. Ocuparse en muchas palabras lleva a la maldad.

—Pirqe Abót 1:17

En la porción de la Toráh llamada Behar Sinay (Lev. Cap. 25- Cap. 26:1), encontramos una ley muy interesante:

“(35) Y cuando empobreciere tu hermano, y decayere a tu lado; tu le apoyarás: aunque fuere extranjero o forastero, para que pueda vivir junto a ti. (36) Tu dinero no le darás a usura, ni le darás a ganancia tu vitualla; pero teme a Dios; para que tu hermano viva contigo”.

Hasta ese entonces, e incluso hoy, esto no tiene precedente en la historia de la legislación humana: El extender ayuda no solo a tu compatriota (“hermano” en términos hebreos) que ha caído en pobreza, pero también al ciudadano naturalizado (extranjero) y el residente legal (forastero). El primero de los dos últimos se refiere a un gentil converso al judaísmo (ger ssedeq), el segundo a un no-judío no-idólatra que permanece no-judío y vive en la Tierra de Israel (ger toshab). Todos estos tres son llamados “hermanos” en la Toráh escrita. Además, la ley en particular añade el no tomar ventaja de tu hermano (compatriota / naturalizado / residente) en su pobreza, pero también hace un llamado de tomarlo bajo nuestra protección.

En la vida y cultura diaria de los Estados Unidos, ésta legislación no tienen cabida en la psicología Anglo-Americana.

Siempre he encontrado el desconecte humano en la América contemporánea bastante extraña y curiosa, particularmente en las ciudades y sus suburbios. Los vecinos no se conocen, la gente siempre sospecha de otras razas, los dueños de casa casi nunca abren la puerta confiadamente, los hombres tienen que estar en un estado constante de guerra-competición, tanto en casa como en el trabajo. La Enemistad siempre presente parece ser una constante en la psicología de este país.

Una continua controversia sobre darles asistencia social a los inmigrantes ilegales demuestra la fea y oculta cara misantrópica de Anglo-América. Yo encuentro esto muy raro, especialmente al saber que la población en general se identifica como parte de la llamada tradición judeo-cristiana, y que debería de tomar especial atención a esta legislación en particular.

Las dos principales filosofías de la psicología política en los EE.UU., la republicana y la demócrata, violan este mismo principio de la legislación judía.

La plataforma Republicana se basa en el principio de “Cada hombre por sí mismo” bajo la bandera de la auto-suficiencia. Así, de esta manera, no se puede evitar un desarrollo de la mentalidad darwinista “el más fuerte sobrevive”. Por esta razón, no debe de sorprendernos que una administración republicana corta sin misericordia toda clase de servicios sociales.

La plataforma demócrata, particularmente desde el New Deal de Roosevelt, ha sido de una supuesta asistencia social, pero desafortunadamente esta asistencia social se ha tornado en una cultura de dependencia y abuso. No pocas veces los republicanos han acusado a los demócratas de utilizar la Asistencia Social como un vale para favoritismos partidarios, tomando ventaja de los que están económicamente en desventaja y explotar a los marginados políticamente.

Los republicanos violan el principio de ayudar a tu hermano, mientras que los Demócratas violan el principio de no abusar a tu hermano.

Ésta parasháh (la porción semanal de la Toráh) me recordó de una bella historia en el Talmud, donde un gran sabio había caído en la pobreza y desgracia. Sus colegas, en turno, hicieron algo que no escuchamos muy seguido en nuestros días. Ellos le ayudaron para que tuviera una vida decente y digna, hasta que se repusiera económicamente, y volvió ser rico y prospero otra vez. ¿Cuánto tiempo tomo? No recuerdo si la historia lo menciona.

Después de ésta mención, comencé a conectar toda clase de puntos promulgados en la tradición judía concerniente a los caminos de la caridad. En la legislación rabínica, la congregación tiene la obligación de reservar dinero para ayudar a las familias pobres tener una celebración digna de Shabbát, especialmente para comprar velas y comida; los hospitales eran apoyados económicamente por la comunidad, y así todos, incluyendo a gentiles, podían buscar ayuda médica gratis; incluso en el casamiento, donde se contaba con organizaciones filantrópicas que pagaban la dote de la joven, cuando la familia no lo podía solventar. Incluso la caridad se extiende a aspectos de solvencia no-monetaria, como enseñarle a alguien personalmente un oficio para que se pueda valer por sí mismo.

En el judaísmo, nuestra legislación nos obliga a darle dignidad al individuo al proveerle cosas que hacen la vida humana respetable. Ignora la misma filosofía de “Cada hombre por sí mismo”, esto nunca entra en la ecuación judía. No tenemos, y no debemos de estar, solos.

Y aún así, toda esta caridad tenía que ser otorgada con una alta discreción:

“Ribbí Eliezer le gustaba decir, que sea el honor de tu prójimo tan querido como el tuyo, y no te enfades con facilidad.” [PA 2: 14]

A diferencia de otras expresiones de caridad en nuestra sociedad moderna, la caridad judía conlleva un aspecto silencioso. Yo creo que esto es hecho con la necesidad de proteger la dignidad del individuo que recibe la caridad, así como la modestia del que contribuye. Tradicionalmente, cualquier mención pública de caridad dentro de las comunidades judías era considerada irrespetuosa y falta de honor.

En retrospectiva también, existe una simbiosis entre el que da y el que recibe que se auto-alimenta a sí misma, se torna y vuelve; así que, tiene un rédito de inversión. El gran pensador judío-español Shem Tob de Carrión lo pondría de la siguiente manera:

“1189 Como deseas recibir, que otros reciban de ti; es apropiado servir si deseas ser servido.

1193 Es apropiado dar honor si deseas que te den honor; complace a otros y ellos te complacerán”. [Proverbios morales]

Lo anterior es una extensión de “hacer a los demás lo que quieres que te hagan a ti” [un dicho común de Jesús entre los cristianos], y vice-versa como un Sabio judía lo pondría, “no le hagas a otros los que no quieres que te hagan a ti”, ambos que son consecuencia de “amar a tu prójimo como a ti mismo” [Lev. 19:18]. Este es el primer plano de la misma ley que vimos al principio, y de acuerdo con los Sabios judíos, uno de los dos fundamentales resúmenes de toda la Toráh.

Pero hay que darse cuenta que los versos más específicos de Carrión no especifican una relación de uno a uno, es decir, exclusivamente mutua. Los suyos son muy ambiguos. Los “Otros” pueden ser siempre cualquier persona, no solamente la persona que te ha demostrado actos de bondad. Lo que puede significar que mientras la persona a quien puedas ser amable quizá nunca regrese el favor, siempre existe la esperanza que alguien más lo hará, quizás alguien que nunca has conocido o hecho algo por él. La vida está llena de inesperadas sorpresas.

Usualmente confundimos, pienso yo, la expectativa que a quien mostramos actos de bondad debe de la misma manera regresárnosla. Pero desdichadamente en la historia de la experiencia humana, esto casi nunca ha funcionado de tal manera.

Peleas, malos entendimientos, separaciones, agudos silencios e incluso la muerte son el resultado de nuestras nunca realizadas expectativas de la misma persona que quieres y deseas que te demuestre amor.

Los Sabios nos advierten, por igual, acerca de la manera en que damos, y a quién damos:

“Antígonos de Sokho, quien recibió la tradición de Simón el Justo, solía decir, no seas como los sirvientes que sirven a su amo con la idea de una recompensa; pero antes se como los sirvientes que sirven a su maestro sin pensamiento de recompensa, y que la reverencia de Dios sea ante ti”.

“Se cauteloso con aquellos en la autoridad política, porque ellos solamente atraen al hombre para sus propias necesidades. Se disfrazan como amigos cuando les conviene, pero no apoyan al hombre en la hora de su penuria”. [PA 1: 3 y 2:3]

Tal persona dadivosa quizá se sienta victima como resultado de una no-reciprocidad, y solamente tiene dos salidas. Ya sea tornarse negativo, o desbordarse a lo positivo. La primera expresión de Carrión se desplaye en lo siguiente:

“1209 No puedes evitar, si haces una mala obra, ‘accidentalmente’ recibir lo mismo.

1213 Porque mantén en cuenta que no naciste para vivir aparte; no viniste al mundo para tener privilegios especiales.”

Las palabras anteriores a la regla de “amar a tu prójimo etc.” que se encuentra en Lev. 19 son muy esclarecedoras concerniente a esta manera de actuar. Estas palabras son: No tomarás venganza, ni guardarás rencor en contra de los hijos de tu pueblo”. De acuerdo al comentario del Rabino J.H. Hertz en la edición Soncino del Ĥumash:

“Los Rabinos dan la siguiente explicación a estas dos frases: ‘Si el hombre dice, no te prestaré la herramienta que requieres, porque tu no me la prestaste a mí cuando te la pedí – eso es venganza. Si el hombre dice, te prestaré la herramienta, aunque te rehúsate a prestarla a mí cuando te la pedí – eso es guardar rencor”. (p. 502)

En otras palabras, no retornes la misma forma en negativo, ya sea en acto o actitud.

Estoy seguro que casi todos nosotros hemos escuchado historias de gente que eran buenas, y debido a las luchas de la vida, esa misma gente se tornó amarga y misantrópica, usualmente imitando la misma indiferencia de aquellos alrededor suyo; pienso que esto es la raíz de mucha miseria, crimen y decrepitud moral que se transfiere a través de las generaciones.

Las dos grandes tragedias sobre el pueblo judío en la edad moderna, la Expulsión-Inquisición y el Holocausto, nos demuestran las dos caras de cómo los judíos han sobrellevado este estrés terriblemente inhumano.

Los Sefaradím no solo experimentaron el rechazo de una nación (la Expulsión), pero también ser denegados de su religión y auto-determinación (las conversiones forzadas / la Inquisición). Aún así, en ambas instancias, el judío sefaradí y el converso (sefaradí coercido a convertirse al cristianismo) nunca se tornaron en la horrorosa bestia que fue España hacia ellos.

El judío sefaradí hasta recientemente tenía una romántica melancolía sobre España. José Faur, descendiente de exiliados sefaraditas que fueron a residir a Siria, nos cuenta la imagen que le fue transmitida de España por su abuelo:

“. . . mi abuelo, Iosef Faur, nos relataba historietas sobre Sefarad (la España y Portugal judía), la sabiduría y esplendor de sus academias y sabios, y las casas bonitas y jardines llenos de flores, sol, y canción”. (In the Shadow of History, p. ix).

Muchos sefaradím hasta mas o menos reciente mantenían el español (en Ámsterdam, el portugués) como su lingua franca, su lenguaje del diario vivir para la comunicación y literatura. Y muchos hasta estaban al tanto del desarrollo cultural y literario que se vivía en España misma.

Aún en otro contexto, Faur cándidamente nos dice, “la memoria que se mantuvo de la península por los Sefaradím es totalmente idílica”.

Es España, la gran mayoría de los Conversos Sefaradíes, en vez de tornarse en una facción política aparte (una quinta columna), llegaron a ser los miembros mas productivos y leales de la sociedad española, y también entre sus más agudos críticos concerniente a la misantropía española, sin recurrir a una auto-victimización. Incluso durante la lucha de independencia, insurgentes claves como Simón Bolívar y José Hidalgo (ambos de linaje converso sefaradí), mientras demandaban una autonomía política y económica de España, no querían cortar lazos de hermandad con la corona española. Su sueño fue el crear una Federación de Estados Hispanos, al estilo parlamentario, sin la cruel centralización de la entonces dinastía borbónica. El hecho que España es comúnmente llamada la “Madre Patria” por los hispano-americanos, prueba este punto.

(En contraste, el ciudadano tradicional estadounidense no se refiere a Inglaterra como la “madre patria”).

¿Pero por qué? Los historiadores están en jaque con esto mismo. El judío sefaradí no se presenta a sí mismo como una víctima, ni busca venganza con el agresor.

“Uno de los grandes peligros del anti-Semitismo”–Faur continua– “es la « reciprocidad » que puede ser establecida entre la víctima y el agresor: como agresor, la víctima puede venir a identificar todos sus problemas y malas fortunas con el « adversario ». De esta manera, ambos pueden evadir su propia responsabilidad.”

Psicológicamente hablando, reciprocidad es adoptar el sistema del agresor, así llegando a ser el agresor mismo. “Como Pardo había bien notado, el pueblo alemán imputan a los judíos los mismos insultos y abusos que fueron imputados sobre ellos a consecuencia de la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra, ellos fueron imputados « con el crimen mas bajo de todos, el peor crimen que uno pueda imaginar—el haber causado la Guerra ». Las naciones europeas describen al [pueblo alemán] « como hombres de segunda clase, materialistas, hombres sin originalidad o genio, hombres crueles, bárbaros, copiadores de la humanidad; estas mismas acusaciones fueron lanzadas en contra de nosotros los judíos ».”

La experiencia del Holocausto y todas sus consecuencias, sin embargo, no ofrecen respuestas similares a la experiencia judía sefaradí.

Para evitar la reciprocidad víctima / agresor, el judío se torna hacia lo que creo es una de las partes más difíciles de nuestro sistema ético concerniente a los requerimientos sine-qua-non para la humildad. Entre los materiales gaónicos incluidos como Pirqe Abot, encontramos:

“El es modesto y paciente, ignorando la ofensa, porque la Toráh lo eleva y lo hace superior a toda preocupación material”. [PA 6:1]

En la Ley judía, esto se expresa de la siguiente manera:

“Regla general: Se de los perseguidos, no de los que persiguen; se de los insultados, nunca de aquellos que insultan. Todo mundo que hace de acuerdo a estas acciones, y similares a estas, de ellos se dice lo escrito: ‘¡Mi sirviente eres tu, O Israel, en quien Me glorifico!—Is 49:3”. [MT Sefer haMaddá, Hilekhot De‘ot 5: 28]

Y el Rabino Shem Tob de Carrión, probablemente expandiendo este mismo principio, dice:

“1025 Un hombre no puede tener hábito más loable que sufrir penas – pero no le permita recibirlas con enfado y así pasar por más sufrimientos una vez más.

1029 Aquel que entienda sus sufrimientos como una señal del desprecio [divino], las cosas le tornan mejor al final”.

Para muchas de nuestras civilizaciones de tendencias machistas, ésta ética judía puede ser vista como tener una calidad casi estoicamente pasiva, una que sería ciertamente inaceptable y tirada como marginada, débil y afeminada, y quien a final de cuentas no irá a sobrevivir.

Aún así el judaísmo no ve esta reacción como afeminada ni débil, pero como una fuente de fuerza y excelente comportamiento. En las culturas latinas, estas acciones – usualmente conectada con él género femenino, particularmente con la figura de la madre–se le denomina abnegación o abnegatione. Es decir, la calidad de sufrir con una estoica (silenciosa y no vengativa), casi contenta, cara. A final de cuentas, esto significa el no absorber lo malo y seguir adelante con una actitud amable y buena disposición.

Aunque esto sea un inventario de las aspiraciones éticas más nobles del judaísmo por miles de años, todas estas cualidades de modestia, caridad discreta, perdón compasivo y reciprocidad fueron sumariados, ejemplificados y promovidos como abnegazione por el emblemático rabino sefaradí Sábato Moráis (1823-1897), un erudito rabínico y influenciado por el renacimiento nacido Livorno quien vino hacer de los Estados Unidos su hogar y un promotor patriótico ferviente de los ideales más nobles de este país, y quizás la más celebrada figura religiosa en la historia de los EEUU. En las palabras del erudito Arthur Kiron de la Universidad de Pensilvania:

“Más específicamente, hay una pista discernible en la vida y obra de Moráis que también figura prominentemente en la actitud de Benamozegh: el concepto de abnegación, abnegazione en italiano, humilité (en francés), ‘anavah (en hebreo). Para Moráis el concepto de abnegación contenía varios estratos sutiles de lo religioso y lo político, así como un significado personal: altruismo, sacrificio, obligación y servicio”. [Livornese Traces in American Jewish History, p. 47]

En su derasháh (homilía) inaugural de Shabbát de Marzo 21, 1851, Moráis mismo lo puso de la siguiente manera,

La verdadera alabanza reside en el corazón, y verdaderamente es al purificar nuestros corazones que es cuando alabamos mejor a Dios; aún así, las ordenanzas [mitsvot] que hemos sido mandados [comandados] a desempeñar se dirigen a este objeto: el santificar nuestra alma inmortal, para hacerla merecedora de su origen sublime… También debemos de estar en guardia a no ser que lo esencial llegue a ser secundario; debemos de prestar atención no confundir la devoción verdadera con una falsa piedad. [La verdadera alabanza] es simple, modesta, no trata de llamar la atención de los hombres, pero como la devota Hannáh, habla con el corazón, los labios se mueven pero la voz es casi discernible. [La falsa piedad] es clamorosa, fingida, llena de ostentación.” [Ibídem, p. 58]

Salvatore De Benedetti expresaría lo siguiente siguiendo los pasos de Samuel Moráis, el padre de Sábato,

“La suya era una verdadera abnegación, el ejercicio de la virtud iluminada por un agudo sentido de obligación, no algo hecho con la esperanza de obtener premio (‘Pero fu vera abnegazione la sua, esercizio di virtu per istinto e coscienza del dovere, non per isperanza di prerruo’).” [Ibídem, p. 54]

Así que, ¿cómo puede todo esto manifestarse en la vida?

Una vez, me vinieron noticias de una persona que estaba en medio de dos dilemas. Una tenía que ver con sus amigos, y la otra con su lugar de trabajo.

La persona, Fulano, tenía dos amigos a quien le había mostrado muestras de ayuda en cualquier momento que lo solicitase. Fulano nunca dijo no al primer amigo que le pedía ayuda, el segundo amigo siempre hacia promesas que le regresaría el favor, pero nunca lo hizo. Llegó el tiempo cuando Fulano necesitaba ayuda de sus amigos. Ninguno de ellos respondió o mostraron interés, y siempre creaban excusas.

En otra ocasión, una vez más, los dos amigos de Fulano le pidieron su ayuda. ¿Qué debe de hacer Fulano? ¿Imitar la indiferencia de sus llamados amigos o ayudarles?

El segundo dilema de Fulano, esta vez en su lugar de trabajo, fue más delicado porque podría resultar en la perdida de su salario. Fulano servía a su jefe, Sutano, con la misma rapidez y lealtad él le demostraría a sus amigos, incluso haciendo cosas que no eran parte de su descripción laboral. Sutano era un jefe exigente que quería las cosas hechas de cierta manera, y no se retraía de regañar a Fulano si cometía un error. Pero Sutano tampoco se retrajo de dar órdenes que oficialmente Fulano no estaba supuesto hacer.

Un día, Fulano necesitaba el día libre, muy importante y urgente para él. Sutano denegó la solicitud. ¿Qué es lo que debe de hacer Fulano? ¿Dejar de ser el trabajador leal y servil que es? ¿Renunciar y nunca ser el mismo ya más, ya que la bondad nunca paga?

A través de nuestras vidas, todos nosotros nos enfrentamos con decisiones muy difíciles. A veces, estas tienen que ver con golpes que nos afectan emocionalmente, usualmente cuando la fuente de estos golpes demuestra una falta de cariño a nuestro ser, incluso si consideramos a la gente perpetrando el golpe en gran estima y respeto. Alguna gente le daría el consejo a Fulano de renunciar los amigos y a su jefe que actúan de esta manera, y seguir adelante.

Pero, Fulano decide lo contrario. No quiere identificarse con la indiferencia ni la tiranía. Por el momento, él decide estoicamente aceptar su destino y “no regresar el favor”. Como en la ética judía, él no toma venganza o guarda rencor; mientras esto pueda parecer a la mentalidad del Macho como pasivo y débil, en realidad toma bastante fuerza mental en prevenir, por lo menos para la mayoría de nosotros, reacciones instintivas de rencor y venganza.

Pero en el proceso, él tiene que ser muy cuidadoso. De acuerdo a Shem Tob:

“489 Si el hombre es medio (de temperamento), se lo van a beber como agua; y si sabe amargo, lo escupirán.

493 Si solo para protegerse él mismo de hombres tramposos, debe de variar sus hábitos seguido.

517 Hoy feroz, mañana gentil; hoy humilde, mañana orgulloso; hoy generoso, mañana tacaño; hoy en un monte, mañana en un valle;

529 No es propio el actuar de la misma manera con todo mundo; en vez, [uno debe de reaccionar] con algunos con bondad y a otros con maldad.

537 [Uno debe de usar] lo mínimo de la maldad y lo máximo de la bondad: esto es lo propio para todos, malo y bueno.

541 El dar honor a un buen hombre por sus bondades es excelente; y a un hombre malo [también], para ser protegido de su maldad.

553 Así que, no es propio el ser humilde con todos; pero se hoy hábil, mañana lento, a veces malo, a veces bueno”.

Esto es un eco de la codificación de Maimónides en las Leyes del Comportamiento (2:6), donde él refiere un comportamiento superficialmente burdo, mientras se mantiene con calma adentro, para proveer medidas correctivas a un individuo o comunidad.

Jugando con una balanza entre la humildad y el silencio – aspectos claves de la abnegación–en la ética judía es una orquestación cuidadosa en contra de sucumbir a la maldad, y al mismo tiempo abuso; pero sin llegar a ser o absorber la misma maldad e imitar el mismo abuso.

Una sociedad moderna que toma en consideración a los caídos y desafortunados como una cuestión de obligación legal individual y comunitaria–sin pensar en un beneficio propio (sea material o político)–no ha llegado a existir todavía. Para encontrar un solo ser humano capaz de tener todo el potencial humano de amor para el que fue creado es difícil de encontrar o llegar a ser. En un punto de nuestra vida, uno no puede evitar el deseo de la expectativa de lo que uno ha hecho por otros en lo general o en lo particular, no importa que tan pequeño el favor sea. La Bondad por sí misma es una tarea difícil de lograr en su forma más pura y libre.

Incluso Moisés, un hombre que en nuestra tradición es descrito como una persona sumamente humilde y que trabajó arduamente para liderar un pueblo que se quejaba de todo y era difícil de tratar, le pidió a Dios incansablemente su recompensa prometida a sus ancestros, el entrar a la Tierra Prometida. La tragedia, desde nuestra perspectiva, es que Dios nunca le dejó entrar.

Pero ninguna de estas instancias nos debe de quitar los ánimos de intentar. Éstos no deben de ser impedimentos de tratar de alcanzar nuestro potencial altruista, como Moisés lo hizo.

¿Qué piensa Ud.?

Le agradezco a mi amigo Uriel Hernández-Abarbanel por traer tan importante punto, y que me instó a escribir el presente artículo.

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Bibliography

Ed. Cohen, A. The Soncino Chumash; the five books of Moses with Haphtaroth; Hebrew text and English translation with an exposition based on the classical Jewish commentaries. Hindhead, Surrey: Soncino Press, 1947.

De Sola Pool, David. “Saying of the Fathers (Pirqe Abot).” Book of Prayer: According to the Custom of the Spanish and Portuguese Jews. New York: Union of Sephardic Congregations 1974.

Faur, José. “Antisemitismo en la mente sefaradí.” La Rassegna Mensile di Israel terza serie, Vol. 49, No. 5/8, La Cultura Sefardita (Maggio-Giugno-Luglio-Agosto 1983), pp. 394-418. Publicado pory: Unione delle Comunitá Ebraiche Italiane.

Faur, José. In the Shadow of History: Jews and conversos at the Dawn of Modernity. Albany, N.Y.: State University of New York Press, 1992.

Kiron, Arthur. “Livornese Traces in American Jewish History: Sabato Morais and Elia Benamozegh.” En Per Elia Benamozegh. Ed. Alessandro Guetta. Edizioni Thalassa De Paz, 2001.

Maimonides, Moses. “The Laws of Behavior (דֵּעוֹת הִלְכּוֹת)”. Judaismo-iberico.org. Web. 2012. Mi traducción del portugués.

Perry, Theodore Anthony. The moral proverbs of Santob de Carrión: Jewish wisdom in Christian Spain. Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1987.

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