Caccia, lo que no es tener ni put* idea

Por David Ramírez

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En las últimas semanas he estado preparando un artículo sobre la discriminación en México. Es, en mi opinión, un tema largo y tendido con varias aristas. Es bueno que exista un ambiente disponible en la sociedad mexicana a ser más tolerante. Por otro lado, es malo que no tengamos una idea clara de como darle nombre a la discriminación, y menos como corregirla. Nuestro punto de referencia de lo políticamente correcto es, claro, los Estados Unidos; vecino que ha hecho de lo políticamente correcto un arte, disciplina que viene ensayando por más de 200 años, y que es sello de la diplomacia estadounidense. Sin embargo, padecemos una tradicional miopía para darnos cuenta que los problemas que los gringos tienen allá no son exactamente los mismos que tenemos acá. Además, solemos ser bastante selectivos con lo que queremos mejorar, pero dejando otros rubros relacionados al problema rezagados atrás, barriendo el polvo por debajo de la alfombra.

Esto vino a ser muy claro con dos artículos recientes que publicó un editorialista del Grupo Reforma, Eduardo Caccia. En el primero llamado “El diferente eres tú” (El Norte, 4 de Mayo 2014), Caccia se escandaliza ante unas palabras que dijeron unos funcionarios mexicanos, calificándolas como racistas. Entre ellas, me llamó la atención que citara al ex-mandatario Vicente Fox, quien dijera que “los trabajadores mexicanos en Estados Unidos hacen trabajos ‘que ni los negros quieren hacer’”. Al final del artículo, Caccia hace un llamado a los padres a que llevaran a sus hijos al Museo de la Memoria y Tolerancia, y “sembrarles la semilla del respeto y la no-violencia.” Mucho ojo con la última frase.

El segundo, “Desde la tribuna” (El Norte, 22 de Junio 2014), Caccia defiende el uso de la palabra “puto” por la afición mexicana visitando Brasil, que ha causado revuelo internacionalmente. Caccia nos alecciona sobre su uso con estas brillantes palabras, “La expresión colectiva es más una arenga tribal para ser parte del juego, molestar (inocentemente) al portero rival, que un insulto. La porra haciendo su juego.”

El primer comentario me llamó la atención porque tal frase que los mexicanos hacen el trabajo que los demás no quieren hacer es muy común. No sólo Fox la ha dicho, sino un sin número de mexicanos viviendo en Estados Unidos, y hasta el corresponsal y periodista mexicano trabajando para Univisión Jorge Ramos lo ha dicho, así como personalidades estadounidenses como Anthony Bourdain; y cada quien ha hecho sus variantes de la misma frase. Unos dicen, “los estadounidenses”, otros “los güeros”, “los blancos y negros”, etc. (Y lo que no sé todavía qué quiera decir el soponcio de Caccia, si se es racista por decir que a los mexicanos emigrantes los trabajan como burros, o que los “negros” no quieran trabajar como los mexicanos.) Y no sólo es un decir, pero es un hecho empírico y científico que se ha estudiado durante la crisis de las redadas migratorias que sufrieron los mexicanos en la última década. A falta de mano de obra mexicana, los granjeros recurrieron a tratar de contratar a los nativos estadounidenses para levantar sus cosechas, güeros y negros por igual, y nadie dio el kilo, tiraron la toalla, y la mayoría ni duró un día. Las pérdidas del sector agropecuario estadounidense se han sumado en miles de millones de dólares a causa de la política anti-migratoria de EEUU, especialmente dirigida a la población mexicana.

Después de su baño de pureza en la catedral del Museo de la Memoria y Tolerancia, Caccia viene indignado de por qué la FIFA quiere sancionar al TRI por algo que a la afición le viene muy natural. Y como irónicamente indica el caricaturista Calderón justo a lado del artículo de Caccia en la edición de El Norte, el aficionado mexicano (pintado como un diablo) se siente herido en sus sentimientos que alguien se haya atrevido a sancionarlo (con la notita final apuntando al resentido diablo mexicano, “no seas p…”).

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La respuesta mediática mexicana, al igual que la de Caccia, ha sido para racionalizar la “inocencia” de la “arenga tribal”. Y como muestra de ese orgullo nacional reportan la gran hazaña que sociedades igual o más machistas que la mexicana, como Japón, Uruguay e Italia, alegremente sigan como burros el ejemplo de nuestra “civilidad” en casa ajena (vean “El “Ehhh…puto” se pone de moda en Japón”, y “Heredaron italianos y uruguayos el ‘puto’ mexicano”).

Newsflash and fact check, Caccia: Lo que ofende no es determinado por el ofensor, sino por quien es ofendido.

No fueron los anglosajones americanos quienes decidieron sancionar la palabra “nigger” en el ámbito público, sino fue la misma comunidad Afro-Americana quien acusó de su uso. No fueron los aficionados que utilizaban el “Tomahawk Chop”, otra “arenga tribal”, quienes decidieron que era o no una ofensa, sino las comunidades de los pueblos originarios de Estados Unidos los que dijeron que era racista usarlo, además de históricamente incorrecto. Esas “arengas tribales” han sido utilizadas a través de la historia no solo para denigrar, sino para imbuir miedo, intimidación y derrota a quien se le administra. Las encontramos no sólo en los gritos de guerra, sino también en cazas genocidas. Desde Atíla el Huno hasta Kristallnacht.

Habremos de recordar que un par de años atrás los medios mexicanos estaban “con el Jesús en la boca” al saberse insultados por unos comentaristas de la televisión británica a quienes acusaron de racistas, porque se mofaron del mexicano—utilizando toda clase de estereotipos—a raíz de un carro deportivo de creación mexicana. Hasta el embajador de México en Inglaterra tuvo que intervenir y demandar disculpas a la BBC y a dichos comentaristas. Los ingleses, siendo lo educados que son (“igualito que nosotros”), pidieron disculpas. Pero que a nosotros no nos esculquen.

El comal le dijo a la olla, ¡qué negra estás!

Es cierto que la palabra “puto” tenga muchas connotaciones en el uso coloquial mexicano. El genio del español mexicano es ser rico en dobles sentidos, donde la palabra más innocua e inocente se pueda utilizar de la manera más mordaz, cruel e inhumana. Todo depende del contexto, la entonación y la intención. Pero ultimadamente no depende, como ya lo he dicho, del ofensor, sino del ofendido para darle sentido a la calidad real de la ofensa.

En todo este embrollo, hasta donde me he dado cuenta, nadie le ha preguntado a los representantes de la comunidad gay de México qué piensan de esta situación. Según Cristian Galarza, escribiendo para SDPNoticias.com, “aquellos gays, o miembros de la Comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans) [de México] que aseguran no sentirse aludidos, ni mucho menos ofendidos cuando alguien grita ‘puto’… tristemente la realidad es más dura de lo que su corta mirada alcanza a vislumbrar. México es el segundo país que registra más crímenes de odio por homofobia en todo el mundo, Brasil, tiene el primer lugar de homosexuales asesinados a raíz de un crimen de odio.” (Negrillas en el original).

El camino a la tolerancia es el resultado del despertar de la conciencia, el cual se lleva acabo por medio del desvelamiento de cosas que uno antes no percataba. Es el descubrimiento del Tú en comunicación con el Yo. Es la voz y la mirada del otro que interrumpe el silencio y se hace visible.

Caccia explica la arenga como, “El polémico término tiene su origen para calificar al varón que se vende a otro, por necesidad o conveniencia, independientemente de la orientación sexual… Nace como reproche al portero de extracción atlista Oswaldo Sánchez, por cambiar a equipos antagónicos. El aficionado, dolido y traicionado decidió castigarlo en cada oportunidad… El insulto es como una pinza, necesita de la otra parte para morder.”

Una reportera de Slate.com, Juliana Jiménez Jaramillo, nos da otra perspectiva. Traduzco: “Los fans gritan puto, que a grosso modo significa prostituto gay, al portero del equipo opositor como una táctica para distraerlo de su trabajo, una practica muy común en todos los deportes. En este caso, la arenga es un doble-sentido muy específico y homofóbico, que juega con el concepto de dejar al partido contrario de “apuntar un gol gracias a ti”. En español es meter un gol. Eso significa literalmente el poner un gol en ti, así que cuando un portero falla en su trabajo, él dejó que se la metieran, o permitió a alguien que se la insertara. Ya sabes por donde va esto: La vergüenza de permitir un gol en tu cancha es similar a recibir sexo anal—ya sabes, como un chico gay.”

La profesora de lingüística española Holly Cashman, de la University of Hampshire, escribiendo para el Huffpost Gay Voices, nos dice respecto al tema: “A pesar de la presión para hacernos de la vista gorda, es importante el tomar una posición y desafiar a prácticas lingüísticas que son lastimosas y peligrosas, incluso si son de queridas tradiciones. Sabemos que insultos homofóbicos no son sólo palabras; sabemos que refuerzan una realidad en la cual la comunidad LGBTQ es vulnerable al ataque y al abuso. Los insultos se traducen en violencia física real porque condonan y normalizan el odio.”

Tomando todo lo anterior en consideración, cada vez me suena más hueca la apología de Caccia, entre otros. Primero que todo, la “arenga tribal” no está dirigida a alguien que ha cambiado de equipo, sino se dirige para intimidar al portero en vistas a que se la metan. Segundo, para que la “pinza” del insulto provoque la mordida se necesita el contexto cultural donde se produce, y ambas partes entiendan la calidad del insulto.

Quizás les sea más natural a los países latinos—con una larga tradición de miles de años de solapar a sacerdotes pedófilos y a su jerarquía que los excusan y protegen—el tolerar e incluso adoptar con felices brazos abiertos tales actitudes y comprendan tanto la pinza como la mordida, y mientras lavemos los trapitos sucios en casa—no problem; pero tenemos que tomar conciencia que no estamos ni en nuestro territorio, ni son partidos locales jugados en casa. Pero estamos ante la mira del mundo, no sólo nuestro equipo pero también la mole de mexicanos que va a apoyarlo en Brasil, 30.000 de ellos según las estadísticas. Y no todos los países van a tomar la “arenga tribal” con humor y ligereza, sino como una afrenta grave a sus sensibilidades culturales. El equipo de Holanda con quien jugaremos próximos, un país con las leyes más progresivas a favor de la comunidad LGBTQ, ya se pronunció que no se van a dejar que la afición mexicana le llamen de put*s.

No sé como le vayan a hacer los holandeses para detener a la afición mexicana de enseñar el cobre ante el mundo, y más difícil la veo al saber que si le dices al mexicano que no haga algo, con más ganas y gusto lo hace, sin importar la calidad de la acción. Caliente entre copas y bromas, nomás para demostrar un estúpido reto, hasta nos aventamos desde un crucero a mar abierto para nunca jamás ser encontrados. Nos vale un bledo, al fin y al cabo somos “machos.” ¡Viva México, cabrones! ¿Verdad que sí?

Pero algo es muy cierto: No importa como quieras cortar el pastel, la palabra en cuestión, en el contexto de una contienda deportista, acarrea consigo un profundo sentido de violencia en la intención de una implícita violación simbólica. No nos queramos hacer pendejos, y darles atole con el dedo al resto del mundo. Todo varón de habla hispana sabe muy bien la carga dialéctica y emocional que la palabra implica.

Caccia, ¿dónde quedaron tus augustas palabras “del respeto y la no-violencia”?

Estos eventos me han hecho reflexionar qué es lo que le ha sucedido a la afición mexicana. Tales actitudes no existían, según unos, hace diez años—la “arenga tribal” es de muy reciente usanza; y sólo son un reflejo de la creciente violencia que se vive en los estadios mexicanos, el preocupante bullying en las escuelas, y la gráfica crueldad sin fronteras de los narcos con la que hemos vivido por más de una década. Camino al trabajo, los taxistas arriba de los 50 años me comentan esas preocupaciones sobre la afición.

No sé si es porque el varón mexicano tenga que vivir agachado—como putos—toda su vida laboral, y sólo en ese efímero momento de 90 minutos de gloria se permita “ser hombre” al sumarse a este imaginario de guerra y contienda cósmica que llamamos fútbol: Una válvula de escape de nuestra triste realidad. O simplemente sea reflejo de nuestra sociedad machista, lo cual implicaría que la máxime conquista y expresión del macho sea la sodomía—o sea, que al final de cuentas, todos resultaron ser putos. Porque habrá que traer a luz que los prostitutos gay no sólo se la meten a ellos, pero ellos también la meten. Dibodobadito.

No sé. No soy antropólogo social ni psicólogo, pero ahí se las dejo al costo.

Postdata: Mis mejores deseos a la selección mexicana con su juego con Holanda, y felicidades por su buen desempeño. A los aficionados aztecas, sólo les tengo que decir, que si perdemos, espero que la tomen como verdaderos hombrecitos…if you know what I mean 😉

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