El mito de una tradición judeo-cristiana

New Dawn Magazine. No.23 Feb-Marzo 1994, pp. 23-27.

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Prefacio

En algunos sectores conservadores de Europa y EE.UU., hay un gran atractivo para la llamada tradición “judeo-cristiana”, un término que fue acuñado por primera vez en el siglo XIX, pero que ganó amplia aceptación después de la década de 1950s. Esta dicha “tradición” intenta reforzar la idea de que el judaísmo y el cristianismo comparten un sistema de valores similares. En la geopolítica de hoy día del mundo post-Septiembre-11, esta idea ha sido utilizada de manera divergente, por diferentes grupos de interés, para diversos fines. Para los neo-conservadores evangélicos, este término se ha convertido en un grito de guerra para un literalismo bíblico renovado, que se proyectan a sí mismo como la base de la civilización occidental, y su consecuente base política e ideológica de los Estados Unidos de América. De los judíos de la derecha estadounidense e israelí nacionalistas-al-estado-de-Israel—los llamados “sionistas políticos”—han cínicamente o ingenuamente utilizado esta pretendida tradición en común para fortalecer sus lazos políticos con las facciones políticas pro-cristianas conservadoras en los EE.UU. y Europa, lazos que tienen beneficios económicos, militares y políticos sustanciales para el estado de Israel. Ambos han usado esta supuesta tradición “judeo-cristiana”, como un frente común contra la creciente hegemonía del Islam radical en todas partes del mundo. El ambiente que esto ha creado, a su vez, ha generado un nuevo radicalismo de derecha cristiana que ha tenido consecuencias fatales para las minorías en los países occidentales.

            Un cristiano de Australia, que deseó permanecer en el anonimato, escribió el siguiente artículo en la revista New Dawn Magazine con el propósito de desmitificar la idea de que el cristianismo y el judaísmo comparten el mismo genoma fundamento ideológico. Este autor anónimo pertenece a una pequeño grupo de pensadores honestos cristianos y judíos a través de la historia que han tratado de comprender respetuosamente las tradiciones de cada uno dentro de sus propios parámetros. Éste artículo explica, de la manera más clara y directa posible, las diferencias entre ambas tradiciones—aunque sus explicaciones del judaísmo, tengo que decir, aún carecen de otros calificativos. Sin embargo, sigo pensando que es un intento excepcional, admirable e informado, especialmente viniendo de un creyente cristiano. Al final, el autor anónimo de este artículo dice que es posible que podamos vivir juntos y avanzar en nuestras respectivas sociedades, sin confundir nuestras diferencias en un espíritu de ecumenismo respetuoso.

            En términos generales, los pensadores cristianos han entendido al los judíos y el judaísmo desde su propia visión del mundo cristiana o precristiana, ignorando o pasando por alto el pensamiento judío como ha sido preservado por la tradición rabínica, la única conexión que sobrevive con el judaísmo antiguo, hasta hoy. Los judios comprometidos con su tradición a través de la historia, por el contrario, han evitado cualquier confrontación ideológica con los cristianos, a no ser que hayan sido obligados a hacerlo después de un acoso implacable por radicales cristianos. Y cuando lo anterior ha sucedido, ha tenido consecuencias nefastas para las comunidades judías: persecuciones, esclavitud, dimisión de derechos y genocidio. Además de pertenecer a una religión no-confesional y no-proselitista, los judíos han evitado intuitivamente este tipo de confrontación a causa de nuestras propias experiencias históricas. Los judíos no están en competencia con los cristianos o cualquier otra religión que ha existido desde la antigüedad, pero los cristianos mismos inexorablemente se han vinculado al canon bíblico hebreo y se han proyectado a sí mismos como sus únicos intérpretes “verdaderos”, que han puesto a Israel y sus tradiciones como mortal enemigo del cristianismo, y de ese modo haciendo a los judíos—irremediablemente y sin su consentimiento—los principales competidores de la cristiandad.

            Los modernos judíos académicos también, con muy pocas excepciones, que trabajan para las principales universidades occidentales y en Israel, sufren de la misma amnesia histórica cristiana, que no toman en cuenta la tradición rabínica en sus argumentos, incluso dentro de sus llamados departamentos de Estudios Judíos. Como un conocido judío me dijo una vez, quien trabaja en una universidad de gran prestigio en Inglaterra—un país que tal vez cuenta con los mejores departamentos de Estudios judíos en cualquier parte del mundo, sin embargo, dependiente y subordinado a los académicos del cristianismo, que resultan ser los miembros mayoría de las juntas que aprueban el curricular y los nuevos empleados—, lamentó que los académicos judíos que se invierten en estudios judíos no pueden escapar de la auctoritas y potestas centradas en Jesús y la cual pesa sobre sus investigaciones. Al final, al igual que cualquier otro trabajador de todo el mundo, ellos tienen que poner comida en su mesa y mantener sus carreras y prestigio. La coacción puede trabajar en formas muy sutiles y tácitas.

            Publico este artículo en mi blog como un compañero a mi “Cristo nonato”, que es la segunda instalación de una serie tripartita con el fin de comunicar a cualquier persona interesada en la discusión de las relaciones entre judíos y cristianos de manera informada e inteligente desde las perspectivas judías y del racionalismo histórico, destinado tanto para el simple como el educado por igual. Para una exposición judía más erudita, libre que cualquier coerción, sobre el mito judeocristiano, consulte Jews and Christians: The Myth of a Common Tradition (Wipf & Stock, 2003) de Jacob Neusner, y The Horizontal Society: Understanding the Covenant and Alphabetic Judaism, vols. I and II (Academic Studies Press, 2010) de José Faur; para una exposición erudita, libre de prejuicios cristianos, del judaísmo farisaico y rabínico, escrito por un erudito no-judío, por favor consulte Judaism in the First Three Centuries of the Christian Era (Hendrickson Publishers, 1997) de George Foot Moore.

 

Esta es una época en la que las noticias han sido sustituidas por la propaganda, la educación lava-cerebros y el adoctrinamiento. Desde la publicidad utilizada para vender productos de mala calidad, hasta las clases en las escuelas destinadas a convertir a los niños en robots acondicionados para el Estado, el arte de la persuasión ha desplazado a la sencilla virtud de la verdad.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hemos sido bombardeados desde todos los lados con referencias a “la religión judeo-cristiana” del mundo occidental, y “nuestra herencia judeo-cristiana”. Los líderes de la iglesia y eruditos ambos nos dicen que nuestra sociedad se basa sobre de una supuesta “tradición judeo-cristiana”.

La noción de “la religión judeo-cristiana” es incuestionable—casi sacrosanta—que forma parte tanto del pensamiento laico como religiosos. El líder cristiano estadounidense Prof. Franklin H. Littel, un partidario vocifero del estado sionista, francamente declaró que “ser cristiano es ser judío”, y que en consecuencia era el deber de un cristiano de apoyar a la “tierra de Israel” por encima de todo. Pat Boon, el cantante y evangelista norteamericano, dijo que hay dos clases de judaísmo, uno ortodoxo y el otro cristiano.

Sin embargo, tal punto de vista tan decididamente cristiano-sionista es por lo menos, tremendamente simplista y profundamente ahistórica. Como el astuto escritor judío, Joshua J. Adler, señala: “Las diferencias entre el cristianismo y el judaísmo son mucho más que simplemente creer en si el Mesías ya vino o que aún se espera, como a algunos les gusta decir.”

Los comentarios del autor judío Sr. S. Levin también pueden explicar la necesidad que tiene el cristiano para que exista un mito judeocristiano. Escribiendo desde la revista israelí de Biblical Polemics, Levin concluye: “Después de todo, adoramos al mismo Dios”, el cristiano siempre le dice al judío pero el judío nunca le dice eso al cristiano. El judío sabe que no adora al Cristo-dios, pero el huérfano cristiano necesita adorar al Dios de Israel y por eso, su táctica estándar sale fácilmente sin mucho razonamiento fuera de sus labios. Es una afirmación estrictamente unilateral, limitada a hacer una declaración sobre el Dios de Israel, pero nunca invocada con referencia a otros dioses. Un cristiano nunca confronta a un musulmán o un hindú con la declaración ‘Después de todo, adoramos al mismo Dios’”.

¡En el año 1992, tanto la revista Newsweek y el diario israelí Jerusalem Post imprimieron simultáneamente extensos artículos que escudriñan las raíces de la sacrosanta luna de miel judeocristiana!

La declaración de partida del artículo de Newsweek decía: “Los políticos apelan a la tradición judeo-cristiana, pero los eruditos religiosos dicen que ya no existe”. La cita del artículo del Jerusalem Post anunció: “El antisemitismo es un resultado directo de las enseñanzas de la Iglesia, que los cristianos quizá tenga que volver a examinar “.

“Para los estudiosos de la religión estadounidense”, afirma Newsweek, “la idea de una sola tradición judeo-cristiana es un mito hecho en Estados Unidos que muchos de ellos ya no se consideran como válido”. Cita al eminente erudito del Talmud Jacob Neusner: “Teológicamente e históricamente, no hay tal cosa como la tradición judeo-cristiana. Es un mito secular favorecido por las personas que no son realmente ellos mismos creyentes”.

Newsweek cita a autoridades que indican que “la idea de una tradición judeo-cristiana común surgió por primera vez a finales del siglo XIX, pero no ganó el apoyo popular hasta la década de 1940, como parte de una reacción estadounidense hacia al nazismo. . , “Y concluye que”, Desde entonces, los eruditos judíos y cristianos han llegado a reconocer que—geopolítica aparte—el judaísmo y el cristianismo son distintas, incluso, religiones rivales”.

El Jerusalem Post acusó a la Iglesia cristiana de ser responsable por el Holocausto. El erudito judío francés Jules Isaac fue citado diciendo: “Sin siglos de catecismo cristiano, predicación y vituperios, las enseñanzas hitlerianas, propaganda y vituperios no hubieron sido posible”.

Joshua Jehouda, un prominente líder judío francés, observó a finales de 1950: “El término  ‘judeo-cristiano’, tan de voga hoy día, es un error que ha alterado el curso de la historia universal debido la confusión que ha sembrado en las mentes de los hombres, si por ella uno debe de comprender el origen judío del cristianismo. . . Si el término ‘judeo-cristiano’ apunta a un origen común, no hay duda alguna de que es una idea muy peligrosa. Se basa en una ‘contradictio in abjecto’ que ha puesto en el camino de la historia en el sendero equivocado. Vincula de un tirón dos ideas que son completamente irreconciliables, busca demostrar que no hay diferencia entre el día y la noche, o caliente y frío, o blanco y negro; y por lo tanto introduce un elemento de confusión fatal a una base sobre la cual algunos, sin embargo, se esfuerzan para construir una civilización”. (l’Antisemitisme Miroir du Monde, pp. 135-6).

¿cuál es la verdad?

¿Hay entonces algo de verdad en esta término, “judeo-cristiano”? ¿El cristianismo se deriva del judaísmo? ¿Tiene el cristianismo algo en común con el judaísmo?

Cuando uno revisa los últimos dos mil años de historia cristiana occidental, en realidad uno no encuentra pruebas de una tradición judeo-cristiana, y esto no se ha escapado de la atención de los honestos comentaristas cristianos y judíos.

El erudito judío Joseph Klausner doctor en su libro Jesus of Nazareth, expresó el punto de vista judaico que “había algo contrario a la concepción del mundo de Israel” en las enseñanzas de Cristo”, una nueva enseñanza tan irreconciliable con el espíritu del judaísmo”, que contiene “dentro los gérmenes de los cuales pudiera desarrollarse en el transcurso del tiempo una enseñanza no-judía e incluso anti-judía”.

Dr. Klausner cita al excepcional teólogo cristiano, Adolf Harnack, quien en su última obra rechazó la hipótesis del origen judío de la doctrina de Cristo: “Prácticamente cada palabra que Él enseñó está hecha para ser de interés humanitario permanente y universal. Los rasgos mesiánicos son abolidos por completo, y prácticamente no se da importancia en su capacidad al judaísmo del medio de Jesús”.

Gershon Mamlak, un galardonado intelectual sionista judío, afirmó recientemente que la “tradición de Jesús” es esencialmente la última extensión del antiguo helenismo griego y está en conflicto directo con el “papel de pueblo elegido” en el judaísmo.

Dr. Mamlak, escribiendo en la revista del pensamiento judío  de la Fundación Theodor Herzl, Midstream, sostiene que la teoría dominante de que el cristianismo se originó en el ámbito espiritual del judaísmo “está anclada en una concepción errónea doble: 1) la unicidad del judaísmo se limita a su concepto monoteísta de Dios; 2) la “bifurcación de caminos” entre la banda de Jesús y el judaísmo es visto como el resultado de la adaptación llevadas acabo por los primeros hacia las doctrinas de la cristología”.

La primera idea errónea significa: “Cuando la afinidad de la banda de Jesús con el judaísmo es evaluada por la fe común en el Uno, separada de la obligación del creyente para ejecutar la Ley del Uno y de reconocer el pueblo escogido de Israel como su instrumento-de-fe en el Uno se convierte en anti-judaísmo por excelencia! “

En opinión de Gershon Mamlak, “El conflicto entre el judaísmo y la tradición de Jesús va más allá de los confines de la teología. [La tradición de Jesús] era la renuncia cosmopolita del fenómeno nacional en general y una hostilidad extrema a la idea de Israel como un pueblo escogido sirviendo como instrumento divino para la perfección del mundo”.

Es evidente que el concepto de una tradición judeo-cristiana en común tiene más que ver con la política después de 1945 y una cierta cantidad de “relaciones públicas” que con la realidad histórica y bíblica. Sin embargo una serie de polemistas cristianos modernos han logrado aterrizas algunos versículos del Nuevo Testamento en vías de dar una base bíblica para su argumento.

La confusión sobre el origen del judaísmo rabínico y el cristianismo es la raíz del mito judeo-cristiano.

Los eruditos bíblicos Robert y Mary Coote muestran claramente en su libro Power, Politics and the Making of the Bible que el cristianismo ni es un judaísmo remendado, ni es el judaísmo rabínico es automáticamente sinónimo de la religión de Moisés y los viejo hebreos.

Los Coote ilustran el clima religioso en Judea hace dos mil años: “Los cultos, las prácticas y las escrituras de ambos grupos, los rabinos y los obispos, diferían de las del templo; por lo tanto nos reservamos los términos judeanos, judío, judaísmo para los rabinos quienes estában bajo su mando y utilizamos judeo, contrario a la costumbre, para la fuente común del judaísmo y el cristianismo…”

“A pesar de la fusión aparente de judeano y judío incluso en ciertos pasajes del Nuevo Testamento y por los rabinos que se convirtieron en gobernantes de Palestina en el siglo III y continuaron usando el hebreo y el arameo más que el griego, las raíces del cristianismo no eran judías. El cristianismo no se derivan del judaísmo de los fariseos, pero salió como el judaísmo desde el entorno más amplio de Judea del primer siglo. Los cristianos y los judíos provenía de los judea-ismos antes de los años 70s como herederos de los grupos que se iban a tomar el papel de guardianes o intérpretes primarios de la Escritura tal como se desarrollaron por caminos paralelos en relación unos con otros”. (Power, Politics and the Making of the Bible).

Los pocos “textos de prueba” del Nuevo Testamento utilizados por los cristianos sionistas y los partidarios seculares del moderno mito judeo-cristiano son el producto de una mala traducción. El escritor judío mesiánico Malcolm Lowe en su artículo “Who Are the Ioudaioi?”, concluye, al igual que Robert y Mary Coote, que la palabra griega “Ioudaioi” en el Nuevo Testamento debe ser traducido como “judeanos”, en lugar de la más usual “judíos”. El académico israelí David Stern también llegó a la misma conclusión al traducir el Nuevo Testamento judío.

Pocos cristianos están enterados de que los traductores de la Biblia a menudo traducían mal la palabra “judío” de palabras como “Ioudaioi” (es decir, procedente de, o ser de: Como área geográfica, de Judea.) La palabra de judeano, mal traducida como “judío” en el Nuevo Testamento, nunca tuvo una connotación religiosa válida, pero se utiliza simplemente para identificar a los miembros de la población nativa de la zona geográfica conocida como Judea.

También es importante entender que en las Escrituras, los términos “Israel”, “Judá” y “judío” no son sinónimas, ni es la Casa de Israel sinónima con la Casa de Judá. El sendero de la historia es muy divergente para los pueblos clasificados correctamente bajo cada uno de estos títulos. En consecuencia, la autoridad Jewish Almanac de 1980 dice: “Estrictamente hablando, es incorrecto llamar a un antiguo israelita como judío o llamar a un judío contemporáneo un israelita o un hebreo.”

Un escritor para The Dearborn Independent, publicada en Michigan en 1922, resume el problema así: “El púlpito también tiene  la misión de liberar a la Iglesia del error que Judá e Israel son sinónimos. La lectura de las Escrituras que confunden la tribu de Judá con Israel, y que interpretan cada mención de Israel significando a los judíos, se encuentra en la raíz de más de la mitad de la confusión y división trazable en declaraciones doctrinales cristianas”.

Jesucristo y los Fariseos

Los Evangelios del Nuevo Testamento revelan un intenso conflicto entre Jesús y los fariseos, una de las dos principales sectas religiosas de Judea (consulte Mateo capítulo 3, versículo 7; Mateo capítulo 5, versículo 20; Mateo capítulo 23, versículos 13-15, 23-29; Marcos capítulo 8, versículo 15; Lucas capítulo 11, versículo 39). Gran parte de la controversia se centró en lo que más tarde llegaría a ser el fundamento y la máxima autoridad del judaísmo, el Talmud. En la época de Jesucristo, este llevaba el nombre de “La tradición de los ancianos” (consulte Mateo capítulo 15, versículos 1-9.)

Josefo, el historiador de Judea, escribió: “Lo que ahora me gustaría explicar es esto, que los fariseos han entregado a las personas una gran cantidad de preceptos heredados de sus padres, pero los cuales no están escritas en la ley de Moisés. . .”

Mientras que los fariseos reconocían las leyes de Moisés, también afirmaban que había un gran cuerpo de la tradición oral, que era al menos de igual autoridad que la ley escrita—y  muchos afirmaban que la tradición era de mayor autoridad. Bajo su tradición, se comprometieron a explicar y precisar la ley. Esta fue la “tradición de los ancianos”, a la que se le dio más tarde el nombre de Talmud. Tuvo su comienzo en Babilonia, durante el cautiverio de los hijos de Judá en Babilonia, donde se desarrolló en la forma de los comentarios de varios rabinos, comprometiéndose a explicar y aplicar la ley. Este fue el fundamento del judaísmo rabínico.

Este judaísmo era muy distinto de la religión de los antiguos israelitas. El difunto rabino Stephen S. Wise, quien fuera Rabino Mayor de los Estados Unidos, expresó esto de manera concluyente cuando dijo: “El regreso de Babilonia, y la adopción del Talmud babilónico, marca el final del hebraísmo, y el comienzo del judaísmo”. La Jewish Encyclopedia nos dice que el Talmud es en realidad “el producto de las escuelas palestinas y babilonias”, y se conoce generalmente como “el Talmud de Babilonia“.

El Dr. Boaz Cohen en Everyman’s Talmud declara que el Talmud es la obra de “numerosos eruditos judíos durante un período de unos 700 años, a grosso modo, entre el año 200 [aC] y 500 [dC].”

El Rabí Louis Finkelstein en su Volumen 1 de The Pharisees, en Sociological Background of their Faith dice: “el fariseísmo convirtió en talmudismo, el talmudismo se convirtió en rabinismo medieval y el rabinismo medieval se convirtió el rabinismo moderno. Pero a través de estos cambios de nombre, inevitable adaptaciones de la costumbre, y el ajuste de la Ley, el espíritu del antiguo fariseo sobrevive inalterado”.

De acuerdo con The Universal Jewish Encyclopedia, vol. VIII, (1942) p.474: “La religión judía como es hoy remonta su ascendencia, sin interrupción, a través de todos los siglos, de los fariseos. Sus principales ideas y métodos encontraron expresión en una literatura de enorme extensión,  la cual una gran parte se encuentra todavía en existencia. El Talmud es el miembro individual más grande e importante de esa literatura”.

Moshe Menuhin explica que el Talmud de Babilonia personificaba todas las leyes y leyendas, toda la historia y la ‘ciencia’, toda la teología y el folclore, de todas las épocas pasadas de la vida judía—una obra monumental de consolidación. En el Talmud, la erudición judía y el idealismo encontraron su salida exclusiva y preocupación a lo largo de la épocas, hasta la era de la Ilustración. Se convirtió en la principal guía para la vida y objeto de estudio, y le dio al judaísmo unidad, cohesión y capacidad de recuperación a lo largo de la Edad Media.

El Talmud, más que cualquier otra literatura, definió tanto al judaísmo que el rabino Ben Zion Bokser admitió: “El judaísmo no es la religión de la Biblia.” (Judaism and the Christian Predicament, 1966, p.159) Es el Talmud quien guía la vida y el espíritu del pueblo judío.

“El Talmud es hasta el día hoy de la sangre circulante del corazón de la religión judía. Cualesquiera que sean las leyes, costumbres o ceremonias que nosotros [los judíos] observamos—si somos ortodoxos, conservadores, reformistas o meramente sentimentales espasmódicos—seguimos el Talmud. Es nuestro derecho consuetudinario”. (A History of the Jews, Solomon Grayzel).

Ambos eruditos judíos y cristianos están de acuerdo en que fue el rechazo flagrante de Jesucristo de esta “tradición de los ancianos”, y su enfrentamiento abierto con los fariseos poderosos que crearon el clima que llevó a su muerte. Históricamente, los pensadores cristianos argumentaron que el Talmud fue directamente responsable por el rechazo de Cristo.

En su opinión, estas “tradiciones” cegaron los ojos de la gente hacia una verdadera comprensión de las profecías que se relacionaban con la venida del Mesías.

Definiendo a la cristiandad

Si, como hemos visto, los fariseos y el Talmud para siempre definieron el judaísmo, entonces sin duda los escritos de los líderes de la iglesia post-apostólica cristiana nos ayudan a entender la relación de los principios de la fe cristiana con el paganismo y el judaísmo.

Justino Mártir (c100-165 dC) fue de hecho el primera y más importante de estos apologistas de la iglesia post-apostólicos. Siguiendo los pasos teológicos de Pablo, quien enseñó que el Evangelio fue el cumplimiento de Moisés y de los Profetas, Justino sostuvo que el Evangelio estaba en la mente de Dios desde el principio y se le dio a Abraham y los Patriarcas justos mucho antes de que existiera el judaísmo. Esto está en consonancia con el Evangelio enseña que las Escrituras Hebreas encuentran su ‘florecimiento’ en la vida, el propósito y logros de Jesús, el Cristo.

De esta manera, los fieles cristianos han entendido tradicionalmente el Antiguo Testamento por medio del Nuevo Testamento.

En su Diálogo con Trifón, Justino trata de persuadir a un judío de la verdad del cristianismo. A diferencia de los otros apologistas, que se centra principalmente en la naturaleza y el significado de Cristo. Cristo era el Logos que inspiró a los filósofos griegos y está presente en todos los hombres como el Logos spermatikos (razón seminal o el verbo). Por medio de él, el mejor de los filósofos eran capaces de producir obras significativas de la teología y la filosofía. Sus ideas podrían servir como faros de la verdad tanto como pude los escritos inspirados en el Antiguo Testamento de los Hebreos. Los que vivían de acuerdo con el Logos, incluso antes de Cristo, eran cristianos. En el Antiguo Testamento era el Logos, que se reveló como Dios, porque el trascendente Padre Celestial no pudiera hablar con el hombre.

Justino escribió en Apología:

“Se nos ha enseñado que Cristo es el primogénito de Dios, y hemos declarado anteriormente que Él es el Verbo [o razón] del cual toda la humanidad participa. Los que vivieron razonablemente [el Verbo] son cristianos, a pesar de que han sido llamados ateos. Por ejemplo: entre los griegos, Sócrates, Heráclito y hombres como ellos; entre los bárbaros [los no griegos], Abraham … y muchos otros cuyas acciones y los nombres que hoy negamos a mencionar, porque sabemos que sería tedioso.”

El cristianismo, visto a través de los escritos de Justino Mártir, adquiere un alcance ‘cósmico’:

“Yo presumo y me esfuerzo con todas mis fuerzas que ser visto como un cristiano. . . cualquier cosa que se ha dicho con razón por cualquier ser humano, nos pertenece a los cristianos. Para después de Dios, adoramos y amamos el Verbo, que es del ingénito e inefable Dios, ya que Él también se hizo hombre por amor a nosotros, que al compartir en nuestros sufrimientos Él también pudiera traernos curación. Ya que todos aquellos escritores fueron capaces de ver la realidad oscura, a través de la semilla del Verbo implantado dentro de ellos.” (2 Apología).

Jesucristo había venido, argumentó Justino, para restaurar la verdadera religión y denunciar la hipocresía de la religión de Judea. Debido a ese crimen de Jesús había sido crucificado. En consecuencia, el cristianismo no es una forma de judaísmo o simplemente profecías judías cumplidas pero “la verdadera filosofía”.

El cristianismo de Justino fue finalmente reducido a tres grandes principios: (1) la adoración de Dios, sobre todo a través de la oración personal y la comunicación del ser; (2) la creencia en una vida futura con recompensas y castigos por las acciones de uno en este mundo; y (3) la importancia de llevar una vida virtuosa en imitación de Cristo y en la obediencia a sus mandamientos.

Los romanos mataron a Justin por su religión. Él alguna vez fue conocido como Justino Mártir, y no como Santo Justin. Sus obras definen el cristianismo como una religión culminante y una fe “universal” que incorpora la verdad esencial y perenne de la tradición religiosa precristiana. El cristianismo fue la reafirmación de una doctrina muy antigua que abarca el las grandes verdades de los antiguos del Antiguo Testamento: Dos siglos más tarde Agustín aclaró de nuevo la fe cristiana en estos términos cuando escribió:

“Eso que se llama religión cristiana hoy en día existía entre los antiguos, y nunca faltó de existir desde la implantación de la raza humana hasta que Cristo vino en la carne, en cuyo momento la verdadera religión que ya existía comenzó a ser llamado cristianismo.”

Justino no sólo mostró que Cristo es la culminación y la finalización de todo el conocimiento parcial de la verdad en la filosofía griega, Él es también la culminación de la historia del antiguo Israel. Según Justino, Jesucristo es Israel y por causa de él la iglesia ahora lleva el nombre de Israel.

Esto quiere decir, por tanto, que el mensaje central del Antiguo Testamento se ha cumplido en el Nuevo Testamento. Se debe entender que esta era la posición de la cristiandad durante al menos 1.900 años. Era la posición, no sólo de Justino Mártir, pero de tales santos incondicionales como Ireneo e Hipólito; una posición abrazada por Martín Lutero y Juan Calvino, las dos figuras más destacadas de la Reforma Protestante.

Aquí tenemos no sólo una clara separación del cristianismo y el judaísmo, pero un desafío directo al dogma central del judaísmo de un pueblo escogido. Un punto que no se ha perdido por los escritores judíos.

Leemos en Torah-Judaism and the State of Israel del autor sionista Uri Zimmer: “El pueblo judío, el rabino Judah Halevy (el famoso poeta medieval y filósofo) explica en su ‘Kuzari’, constituye una entidad separada, una especie única en la Creación, que difiere de las naciones de la misma manera que el hombre se diferencia de la bestia, o la bestia de la planta. . . aunque los judíos son físicamente similares a todos los demás hombres, sin embargo, están dotados de una ‘segunda alma’ que los hace una especie separada”.

Fraude

Tradicionalmente los estudiosos judíos, como hemos demostrado, fueron muy críticos con el mito judeo-cristiano. Hay muchos otros, bajo la influencia del modernismo y el sionismo secular, quienes ven alguna ventaja en ello.

El rabino Martin Siegel, reflejando un celo mesiánico, fue citado en la edición de 1972, 18 de enero de la revista New York Magazine declarando: “Estoy dedicando mi conferencia en este seminario a una discusión sobre la posibilidad de que estamos entrando en un siglo judío, un tiempo cuando el espíritu de la comunidad, la mezcla no ideológica de lo emocional y lo racional y la resistencia a las categorías y formas saldrá a través de las fuerzas del anti-nacionalismo que nos proveerá un nuevo tipo de sociedad. Yo llamo a este proceso la judaización del cristianismo, porque el cristianismo será el vehículo a través del cual esta sociedad se convierte en judía”.

Mientras que el cristianismo histórico ha mirado hacia el triunfo final del Reino de Dios en toda la tierra, de acuerdo con los líderes sionistas el judaísmo talmúdico es celoso en “conseguir la perfección del hábitat terrenal del hombre”. (Gershon Mamlak, Midstream, Ene., 1989, p.31).

Dr. Mamlak admite que “muchos judíos han llenado las filas de los diversos movimientos revolucionarios” (op. cit., p.32) con el fin de satisfacer esta necesidad. [Pero, ¿quién puede estar de acuerdo sobre los términos del contrato social? Acaso son las pandillas sionistas de Irgun y Stern que aterrorizaron y masacraron a los árabes palestinos en la campaña para establecer el Estado de Israel, modelos brillantes a seguir para los jóvenes judíos? ¿Qué hay con la inmoralidad de “el fin justifica los medios”?]

El rabino Michael Higger, reconocido estudioso del Talmud, en su libro The Jewish Utopia, analiza la reconfiguración del mundo en un Edén judío. La victoria de esta utopía está inexorablemente ligada a la venida del Mesías judío.

“Y la Era Mesiánica”, argumenta el elocuente autor judío sionista Leon Simon”, significa para el judío no sólo el establecimiento de la paz en la tierra y buena voluntad a los hombres, pero el reconocimiento universal del judío y su Dios. . . Ya que el judaísmo no tiene ningún mensaje de salvación para el alma individual, como el cristianismo lo tiene; todas sus ideas están ligadas a la existencia de la nación judía”. (Studies in Jewish Nationalism).

Impulsada por las agendas políticas judios y cristianos comprometidos comenzaron, sólo en este siglo, a difundir la hasta entonces desconocida doctrina de que el cristianismo se originó en el judaísmo y que los dos comparten una visión del mundo en común.

Dr. Gordon Ginn, un erudito cristiano estadounidense, hizo un punto muy válido cuando señaló: “Es muy interesante, por cierto, que los rabinos y estudiosos judíos como Mamlak y White están de acuerdo con la cristiandad ortodoxa e histórica que ‘judeo-cristiano’ es una contradicción en términos, a pesar de que esa verdad está aún por ser descubierta por los cristianos evangélicos y fundamentalistas contemporáneos” (Smyrna, agosto, 1993.)

El cristianismo y el judaísmo son dos herencias religiosas distintas, a pesar de todos los intentos superficiales por los eruditos modernos para la fabricación de un ingenuo “judeo-cristianismo”. El mismo término “judeo-cristiano” es un nombre inapropiado y bribón sin validez histórica o bíblica.

Las religiones del mundo son el producto de la revelación progresiva a una humanidad diversa, por separado expresando, como lo hacen, las grandes realidades metafísicas de la vida. Los intentos de distorsionar o eliminar estos patrones únicos, antiguos y divinamente ordenados, a través del sincretismo no divino y brebajes políticamente motivados, es a la vez anti-tradicional y verdaderamente diabólico.

Un llamamiento a la unidad histórica inexistente y llamados para una teología modernista y banal no hacen nada para la comprensión religiosa y el respeto mutuo. “Judeo-cristianismo” debe ser visto por lo que es—otro fraude del siglo XX laico, fabricado con fines políticos estrechos, que es sumamente irrespetuoso con todos los verdaderos creyentes.

Cualquier unidad fundamental que no existen entre las religiones del mundo no puede ser apreciada por una erudición ignorante y secular, pero sólo a través del conocimiento de las grandes verdades primordiales y universales.

Como Luc Benoist escribió acertadamente: “Nuestra época está buscando una comprensión universal que hombres de visión ya se puede prever y que es el anhelo de todas las grandes almas. Existe amplia evidencia de que los problemas económicos del mundo se pueden resolver sin que las diferentes religiones tengan que abandonar sus únicas percepciones espirituales; después de todo, un acuerdo fraternal no impide el crecimiento individual de cada miembro de la familia, corporalmente separado, pero unidos en corazón y mente.” (The Esoteric Path).

Traducido por David Ramírez

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